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Pepemillas La Locomotora de Moratalaz

Cosas que pasan en el transcurso de la recuperación de una lesión.

Decía en el foro de www.carreraspopulares.com...

Hola amigos. Soy un estúpido y os pido disculpas. Siento que os he fallado. He decepcionado a más de un@ aquí, lo sé y pido perdón.
No veo mejor manera de empezar a escribir hoy… Pero no lo voy a hacer aquí con una extensa reflexión que pueda cansar al personal. Eso ya tengo donde hacerlo para quien lo quiera leer en mi bitácora personal, sin necesidad de cargar los post como frecuentemente hago.

Y aquí estoy, en mi bitácora…

Decía que no veo mejor manera de empezar a escribir hoy… porque puede ser que una cura de humildad me venga bien. Y esta viene por reconocer una serie de cosas, una serie de errores que he cometido.

El primero de todos, un error de actitud. Reconozco que me he equivocado de actitud para afrontar una adversidad que en medio de todo era previsible. Hay contratiempos que por muy optimista que sea uno, deben de entrar en los planes de una recuperación. Yo no lo he hecho así. También por ignorancia, ¿por qué no decirlo? Pero eso tampoco me sirve como excusa. No, nunca me había visto en una como esta, pero eso no es motivo para reaccionar tan mal como he reaccionado. Y estoy muy arrepentido. Quiero que sepáis esto sobre todo. Muy arrepentido.

He sido muy egoísta. Hay muchas cosas y situaciones peores que esta por la que yo estoy pasando. Muchas. Y yo no debería de haberme hundido de esta manera, por algo tan burdo como mi lesión. Quiero creer que ya ha pasado. Quiero creer que estos síntomas también forman parte del proceso de recuperación de una lesión. Por lo menos, pienso que si estoy escribiendo estas líneas, ya es un comienzo de marcha atrás en esta actitud tan errónea. Creo que no hay como pasar por una de estas para entender lo que trato de explicar. Cuando eso le pase a algun@ de vosotr@s – que Dios quiera que no sea nunca -, sabrá bien de lo que hablo. A mí estoy seguro de que me servirá de lección todo lo que estoy aprendiendo con esto de cara a futuras lesiones de las que nunca estamos libres.

Con vuestra ayuda, que de una u otra forma nunca me ha faltado, podré superarlo todo. Cuento con ella. Siempre cuento con ella.
No tenía ganas, no ya de conectar – porque desconecté de todo -, con el foro, correo completamente desatendido, sino de nada… Tareas, proyectos, compromisos y promesas pendientes… No tenía ganas de abrir el Messenger tampoco, con lo cual he dejado más de una conversación colgada por ahí. No tenía ganas de leer… Pero además, y lo que más me duele, es que los más cercanos a mí, mis hijas y mi mujer han tenido que soportar por mi parte un malhumor muy egoísta y que no tiene justificación. Eso no está nada bien. Sería estúpido no reconocerlo.
Me ha costado reaccionar, pero creo que lo he hecho.

Desde el Lunes había entrado en una espiral de tristeza y desgana por todo que no es normal. Eso, acompañado de todo lo que ello conlleva: malhumor, irritabilidad, desmoralización, desmotivación… En tres palabras: me hundí miserablemente. Hice aguas por los cuatro costados.

Ha habido momentos en que me he preguntado de dónde había sacado toda la energía necesaria para andar repartiendo sonrisas, ánimos y moral por todas partes, a la vez que me enfrentaba a lo mío con todo el optimismo del mundo. La respuesta es sencilla: básicamente yo intento ser así. No digo que lo sea permanentemente, pero lo intento. A veces, hasta lo consigo. Y de pronto me he encontrado con que toda esa energía se me ha ido como agua entre los dedos. Se me ha ido a manos llenas. Quedarse con el depósito de energías vacío es muy malo. Lo ves todo negro y te planteas pensamientos que no deberían despertar nunca. Pensamientos que siempre deberían estar arrinconados y bien ocultos.

Supongo que todo esto forma parte también del proceso de la recuperación de una lesión, como he dicho antes. Me he dado cuenta, he sabido ver – creo que a tiempo -, que lo mismo que se necesita una buena preparación psicológica para afrontar una carrera de fondo, también se necesita para afrontar una lesión que se extiende en el tiempo más de lo debido. Incluso más de lo soportable. Aquí es donde yo he flaqueado. Hasta ahora creo que lo había llevado bien, pero he “pinchado”. Creo que lo importante es que por fin he conseguido verlo y sobreponerme a ello. El tiempo lo dirá. El tiempo dirá si esto es verdad.

Escribiendo ahora – cosa que también llevaba días sin hacer -, sobre todo lo que siento, creo que también me ayuda. Debo aprovecharlo para “echarlo todo fuera”. Ahora creo estar seguro de haber recuperado las riendas que se me habían escapado días atrás y que de nuevo tomo el control de todo lo que había emprendido.

Me han pasado una serie de cosas esta semana que se podrían repartir en ambos fieles de una balanza. Cosas positivas y negativas que hacían difícil encontrar el equilibrio adecuado de la situación. Ahora las explico por que merecen capítulo aparte…

Apartado de cosas negativas…



El Lunes como sabéis, fui al traumatólogo. Cita para quitarme el lastre de la escayola.

Junto con la fecha de la operación y la de quitarme los puntos, una de las más esperadas por mí en todo este proceso. Cada una de ellas, una etapa menos que cumplir.
Ahí es donde empezó mi declive… Yo creía que estaba preparado para todo pero no era así. No estaba preparado para el “regalo” que me hicieron allí… Yo me había hecho con la idea de unas expectativas que no se correspondían con lo que me dijeron.
Sabéis de la cuenta atrás que me he fabricado. En ella me mantengo, pero me temo que tendré que hacer algún reajuste.

Mi error ha sido tener permanentemente en la cabeza el pensamiento de que quitada la escayola, sería cosa de unos días empezar con la rehabilitación. No es así. Me han echado encima una losa. Resulta que para eso debo de esperar un mes más. Eso me desmoralizó muchísimo y colmó el vaso de mi paciencia. Muy mal por mi parte. La verdad es que nadie me había asegurado nada sobre esto ni sobre otras cosas en las que ahora prefiero no pensar… Pero el caso es que las cosas son como son.

Ahora, mirando el lado positivo, veo que ya no es un mes: son tres semanas, porque una ya ha transcurrido. Frente a lo que ya llevo, eso es pan comido.
El caso cierto es que mi pie sancillamente no está en condiciones de dar una respuesta positiva al tratamiento de una rehabilitación. Está hecho un cromo. De siempre he sabido que mis pies son realmente feos, pero cualquier parecido de mi izquierdo con un botijo, es hoy por hoy más que una mera casualidad.

En estas semanas debo pasar paulatinamente por ir apoyando progresivamente el pie en el suelo, primero con ayuda de las muletas. Luego, con una sola a modo de bastón. Ir haciendo pequeñas caminatas para que el pie vaya cogiendo su juego.

Y en ello estoy… Ya voy haciendo progresos. Eso me da nuevas esperanzas.

Apartado de cosas positivas…



Llamadas y visitas...


No quiero pasar por alto ciertas llamadas telefónicas que agradezco, de un buen amigo del foro que en su intento por meterme un poco de moral en el cuerpo, consiguió el efecto deseado. Y no sólo eso, sino que no satisfecho con llamarme, vino a visitarme por la tarde. Un placer. Gracias, Luis.


El efecto de una frase…


El Viernes, estando aún en es quiero y no puedo, mi mujer consiguió convencerme para que la acompañara al Salón Inmobiliario que se celebra en el IFEMA por estos días. Me lo pasé en grande. Me distraje mucho y consiguió que me quitara por unas horas toda la negatividad que me cubría los ojos.
Todas las firmas expositoras obsequian a los visitantes con objetos de recuerdo y folletos publicitarios. En uno de ellos me dieron un caramelo. Una piruleta de fresa que en su envoltura llevaba inscrita una frase. Primero la leí sin prestarle mayor atención, pero una vez le hube leído me causo un efecto relámpago. Como un fogonazo. Me provocó esa sonrisa que se te dibuja cuando por fin los árboles te dejan ver el bosque.
Decía:

“Los golpes de la adversidad son muy amargos, pero dulce es el sabor de haberlos superado”
JOSEPH ERNEST RENAN.


El efecto que me produjo fue inmediato. Sin mucho esfuerzo, me apliqué el cuento y decidí que debía de terminar con esa actitud negativa que me estaba cegando. Así que, desde ahora, adelante con lo que sea.

Además… ¡Qué narices! ¡Pepemillas, siempre hacia delante!

3 comentarios

Hilario -

Gracias Pepe por tu enlace en tu otro blog. No pude dejar comentario ahí por que no tengo messenger instalado.

Pepe -

¡Muy agradecido con tu visita, Hilario! Mucho... Gracias.
Tú lo has dicho: ¡Siempre hacia delante! Uno de mis lemas que nunca debí dejar a un lado. ¡Y mira que lo uso!
Me siento hasta un poco tonto por haberme dejado caer en ese momento flaco. Pero bueno, lo que importa es que ya me he levantado.
Un abrazo.

Pepe.

Hilario -

Enhorabuena Pepe por tu blog que seguiré leyendo. Siempre hacia adelante.
De un compañero de foro.