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Pepemillas La Locomotora de Moratalaz

Ecos del II Ekiden de Madrid (II) - La crónica.

<font size=4>Ecos del II Ekiden de Madrid (II) - La crónica.</font>

Hola, compañeros.
Espero no aburrir… pero quiero dejar aquí todo lo que llevo dentro desde el Sábado 4 de Febrero.
Quiero agradeceros los muchos ánimos recibidos y el impulso que me habéis metido en el cuerpo, teniéndoos como testigos de mi prueba de fuego tras la lesión que he arrastrado durante un año.


El Sábado 4 de Febrero de 2006 en San Sebastián de los Reyes…


Fue muy emocionante reencontrarme con la competición de nuevo y junto a los compañeros del GGM. Fue algo que tardaré en olvidar. La responsabilidad pera mí era mucha. El GGM es mucho GGM, y dar la cara por él es algo que muy pocos pueden decir que saben lo que es.


La jornada no pudo ser más completa si tenemos en cuenta que también tuvo su importancia el reencuentro con el Grupo de los Novatos, siempre tan entrañable, divertido y cariñoso.


¿Nervios? Yo hasta ahora, creía que no. En el momento de recoger el testigo de Barti no estaba nada nervioso. Sentía la responsabilidad de no defraudar, eso sí. Eran dos mis objetivos: No defraudarme a mí mismo y hacerlo lo mejor posible para no defraudaros a vosotros.


Os pusisteis tan machacones conmigo en que saliera a disfrutar, que lo
conseguisteis de pleno. Sobre todo salí a disfrutar. Y vaya que si lo hice.
Kike, me valió de mucho que me lo volvieras a recordar personalmente instantes antes de mi relevo. Me sonó muy bien. Era muy distinto que verlo por escrito en el foro.


Tomé mi testigo y salí a tomar aquella primera cuesta con más desparpajo
del que creí que pudiera tener. Al girar en la primera curva nada más salir, ahí estaba el mismísimo Micenas. Alentándome y extendiendo una mano para chocarla con la mía al paso... Emocionante y emotivo.
No me fallaron las piernas ni los nervios. Al menos de momento. Fui bastante tiempo a un ritmo que sabía que no era el mío, pero como veía que podía mantenerlo, no lo bajé.


Iba bien de fuerzas. "Lo mismo me llevo alguna que otra sorpresa" me dije a mí mismo pensando en quitarle a mi crono algún tiempo del que vengo haciendo desde que empecé a hermanarme con las zapatillas hace poco más de un mes.


A falta de poco más de un kilómetro para el final de mis 5 klm, me sobrevino
el maldito flato que casi me hace pararme del todo y sentarme a un lado del camino. De pronto.


Alguien de la organización de la carrera se me acercó para preguntarme qué tal me encontraba. Le expliqué lo que había y me aconsejó presionarme en el punto del dolor. Eso me alivió bastante. De inmediato descarté por completo la idea de abandonar y anduve a paso ligero más que corrí, durante unos metros. Cuando el dolor disminuyó, ya pude hacer algo más parecido a un trote. Me serviría para llegar a los arcos del relevo. Levanté la vista y los vi a lo lejos. “Puedo, puedo, puedo…” empecé a repetirme.


Entonces os encontré a vosotros, Claudio y Kike en le borde del camino. Apenas pude responder a vuestros ánimos. No podía hablar. No sé si había alguien más tampoco podía concentrar mucho la vista en lo que me rodeaba, pero veros a vosotros ahí tan cerca, me sirvió de mucho. Me sentí arropado.


Así me presenté en la última subida. Ahí llevaba la idea de que me quedaría clavado. Al poco de pisarla, empecé a oír las voces inconfundibles de de ese grupo humano formado por el Club 4 Pipas, el combinado de los Novatos y los GGM. Seguramente había alguien más que no acerté a ver.
Ahí no había equipos. Era un alegre conglomerado de amistad y de entusiasmo que sonaba a música celestial. Todos sus gritos eran uno sólo. Las piernas se me revitalizaron, el corazón se me aceleró y el dolor del abdomen también se esfumó. Ya no había flato. Me sentí como con alas, como cuando salí a hacer mi relevo. Ya no había flato. Ya no había cuesta. Cuando me quise dar cuenta estaba girando en la última curva.


Si aquella cuesta se me hizo llana gracias a aquellos gritos, la recta final se me hizo cuesta abajo. Seguía oyendo aquellas voces a mi espalda cuando empecé a ver a mi compañero de equipo Bicis que me estaba esperando. Para no meter la pata en el último momento, empecé a quitarme la banda bastantes metros antes de llegar a los arcos del relevo. Extendí el brazo con la banda en la mano y cubrí mis últimos metros. Pasé el relevo. Le hubiera querido desear suerte a Bicis, pero apenas podía hablar.


Una vez pasé mi relevo, salí por el lateral derecho. Qué grato fue encontrar una cara conocida allí. ¿Quién? Alguien de la Logia San Blas-Vicalvaro-Moratalaz, el mismísimo Grey. Amigo, qué bueno que estuvieras allí. Gracias.
Grey me ayudó a alcanzar una silla para quitarme el chip. Más que sentarme, me dejé caer. En ese momento el dolor del flato volvió a resurgir pero con menos intensidad.


Si lo pienso, es curioso el dato de que empezara y terminara la carrera con los dos miembros con los que compartí la primera reunión de la Logia San Blas-Vicalvaro-Moratalaz. ¿Será esto un buen augurio?


Cuando vi que ya estaba recuperado me levanté. Todo había pasado ya. Era momento de regresar al Campo Base con los compañeros de equipo y con los amigos que tanto me habían animado.


De camino, se me ocurrió mirar el crono. Me llevé la sorpresa de la que hablaba antes. Una de dos, o le faltaban metros a esos 5 klm, o mi crono me estaba mintiendo. Hasta ese momento, en el mejor entreno que había hecho, marqué unos 30:00 minutos redondos. Ahora, mi crono marcaba 26:58. ¿Qué había hecho? No creía lo que mis ojos veían. No creía poder hacer algo mejor que esos 30:00 tan pronto y menos en el Ekiden. No lo creía, pero ahí estaban.


Por eso deseaba ver mi tiempo oficial en la clasificación de la carrera para salir de dudas. Pero por lo que llevo visto, parece que el GGM 2 ni siquiera participó. No aparece en la clasificación por ningún sitio. ¿Tendré que dar por buenos esos 26:58? De momento los mantendré en cuarentena hasta que haga una nueva prueba sobre esa distancia.


Ahora creo que sé por dónde me pudo venir el flato. Además de por los nervios, pudo ser porque salí más rápido de lo que me parecía en realidad y porque hice un poco “el burro” en esos tres primeros kilómetros. Todo esto me lleva a pensar: ¿Qué tiempo habría hecho si el maldito flato no hubiera aparecido? Prefiero no pensarlo. Al menos ahora sé que puedo hacer algo mejor de lo que estoy haciendo. Sólo es cuestión de tiempo y de saber esperar.


Dos últimas consideraciones:


Primera: Ahora sí me siento GGM. Ahora sí que me siento útil al equipo que tanto me ha dado. Gracias amigos, sois geniales y espero daros más alegrías en el futuro.


Segunda: Gracias a vuestro apoyo y al incondicional optimismo que me ha venido de mil maneras desde todas partes, en todo este tiempo y por el hecho de haber participado en el Ekiden y el Ekiden que “parece” que me ha salido, mi orgullo de corredor y mi autoestima como candidato a miembro del GGM, ha subido bastantes enteros.


Gracias, gracias, gracias.


Y gracias de nuevo a toda esta entrañable familia de Novatos.
Y a los ánimos que tampoco me han faltado desde el otro lado del gran charco. Me refiero con esto, al grupo de atletas argentinos liderado por Rodolfo Guajardo.


Amig@s – y esto lo digo en general -, no tenéis la culpa de lo que me ha pasado hasta hoy, pero sí de lo que me pasa ahora... y desde hoy...


Gracias

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3 comentarios

irishman -

Quillo el dolor ese de las narices, se quita fijo, si te inclinas con las piernas rectas como para intentar tocarte las puntas de los pies. Aguanta un rato esa postura y, santa medicina, se va completamente. Me alegro de que estes ahi otra vez en la brecha.

Pepemillas -

¿Tú crees, Ana?
Jejejeje... ¡Qué generosa!
A mí me espanta un poco hablar de casi media hora para hacer sólo 5 klm...
Gracias. Un beso.

Ana* -

Vaya p*t*d* lo del flato, a mí también me pasa alguna vez corriendo, pero es verdad que se pasa apretando en la zona.

Muy buen tiempo, ¿no? En cuanto te recuperes del todo vas a ser una locomotora de verdad.
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