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Pepemillas La Locomotora de Moratalaz

Hoy tengo mucho que soltar

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Sí, lo siento, lo noto… Hoy tengo mucho que soltar. Me lo pide el cuerpo.
Estaba trabajando en actualizar la página de Sylvie... y me ha pasado algo.
Algo que me ha hecho retrotraerme al MAPOMA DE 2005.


Entonces, en 2005...
…acababa de operarme de los tendones del pie izquierdo. El mismo pie del que me he operado el año pasado de juanete – Hallux Valgus para los entendidos -.
Fue pocos días antes del MAPOMA.
Televisaron la carrera, y no pude evitar sentarme en la cocina a verlo en el pequeño televisor que entonces teníamos allí.
Las emociones que se me acumularon, las sensaciones, y la rabia por no poder estar allí, se arremolinaron en mi estómago. ¿Consecuencias? Los vellos se me pusieron de punta al ver el pistoletazo de salida. Y lloré. Desconsoladamente y en solitario. No había nadie en casa – por suerte -.


Yo tenía esperanzas de haber corrido al menos parte de ese Maratón ese año. El último entrenamiento que hice con Emilio, me puso los pies en la tierra y terminé viendo claro que mi único destino ese año iba a ser el quirófano. No había otra.


El efecto inmediato de esas sensaciones en el estómago, fue el que suele suceder cuando vives algo y por algo que sientes que está hecho para ti y por lo que luchas, y de lo que te enamoras, pero que ves que se escapa de tu alcance. Sí, se me saltaron las lágrimas. A raudales. Igual que ahora. Igual que hoy mientras desmenuzaba la crónica de Sylvie del Maratón de Valencia. Cuando he leído ese final del Maratón, acompañando a dos desconocidos con los que se solidarizó y esperando en la meta a otro con el que se fundió en un abrazo final, eso… eso me ha podido. Me ha roto.
Igual que me pudo cuando leí la llegada de Josero a meta de la mano de sus hijos. Impresionante momento. Maravilloso recuerdo para él. Maravilloso recuerdo que yo quiero tener algún día.
Lo de Sylvie dándole ambas manos – porque no tiene más -, a dos corredores llegando a meta me ha hecho revivir lo sentido en un MAPOMA del 2005 en el que no pude estar.


He llorado y me ha roto. Pero también me ha hecho ver algo. Algo en mi interior me ha gritado que yo tengo que volver a este deporte. Y volveré. Me cueste lo que me cueste y tarde lo que tarde. Y sin ánimo de ofender a nadie, hasta prescindiendo de la edad que se me echa encima implacablemente.

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2 comentarios

sylvie -

Edad??...edad para este deporte no hay...y eso me lo demostró el gran entusiasmo de ese hombrecito de 72 años que el domingo entró en meta conmigo.
El mérito no lo tuve yo por abrazarle, sino él mismo por estar ahí.

Claro que volverás...sabes Pepe?...yo nunca lo he dudado...por muchas cosas que le hayan pasado a tus pies, siempre he pensado que volverías a esto algún día...simplemente, porque sabes lo que es...y lo necesitas.

Mil besos campeón.



Anónimo -

vamos pepito, no seas tiquismiquis, que lo del abrazo de syl fue para arrimar cebolleta jajaaja... en serio, ya sabes que syl es mucha syl, pero a mi, no deja de sorprenderme
abrazos
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