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Pepemillas La Locomotora de Moratalaz

Y... tras las vacaciones...

<font size=4>Y... tras las vacaciones...</font> Mañana me toca probar el sabor de una nueva ración del
particular significado que tiene para mí la conocida
frase que habla de la "soledad del corredor de fondo".

Previsión: 45 minutos de carrera contínua.
Plan: Incrementar las sesiones en 10 minutos
hasta terminar la semana con un entreno de 1h 15m.

Ya de vuelta en casa, sólo queda recordar los buenos
momentos pasados en las vacaciones, y desear que la
espera hasta poder volver a repetirlos no sea
demasiado larga.

Las intenciones de entrenamiento de esta semana
son las mismas que tenía en la semana que he pasado
en las playas de la zona de Oropesa ( Castellón ),
pero que por circunstancias se quedaron sólo en eso,
en intenciones. Tan sólo dos días pude salir a trotar
un poco. Uno de 30 min. el Martes, y otro de 40 min.
el Viernes.

Como siempre que salgo de viaje, mis transtornos
intestinales me acompañan a donde voy. Y esta vez,
cinco días de pertinaz estreñimiento me jugaron una
mala pasada que prefiero no detallar, pero que tuvo
su colofón en el entreno del Viernes y que echó al
traste un entreno del que estaba disfrutando como
pocas veces.

Antes de esto, y después del entreno en la tarde
del Martes, el Miércoles por falta de prudencia
me abrasé los pies con el sol en la playa. También
prefiero no describir cómo los tenía por la noche,
pero baste decir que apenas podía andar.
Isabel, mi mujer me recetó el remedio que funcionó
bastante bien para aliviar las molestias de la
quemazón: compresas de agua fría mezclada con una
buena cantidad de vinagre. Mano de Santo.

El Jueves, tenía los pies hinchados, pero al menos
podía andar aunque sólo con chanclas. Las zapatillas
imposible ponermelas. Ni siquiera soportaba el roce
de unos calcetines. Así que de correr, nada de nada.
Ya por la noche los pies estaban algo mejor después
de nuevos remojones de compresas de agua con vinagre.

Gracias a esto, el Viernes, como ya he contado antes,
pude salir a correr a eso de las ocho de la mañana.
El frescor de la noche aún estaba en el ambiente.
A los 20 minutos, fuertes retortijones en la tripa,
me hicieron pararme en seco. Estaba a punto de entrar
en Oropesa. Después de un par de minutos. conseguí
ponerme de nuevo en marcha. Llegué a Oropesa y tomé
camino de la playa para regresar al camping siguiendo
la orilla de la playa. Un disfrute total. Ni un
atisbo de cansancio.

De nuevo a los 20 minutos mis tripas me detuvieron.
Fui como pude a unas cabinas (letrinas) que había
en la playa junto a los puestos de la Cruz Roja,
pero no pude entrar en ninguna. Todas cerradas.
Me tocó regresar al camping andando como pude.
Casi 3 kilómetros andando penósamente.
Y hasta aquí puedo leer.

Ya en el camping, me recompuse en los servicios,
me di una ducha y salí a hacer unas series que
me devolvieron la sonrisa tras el mal sabor de boca
que me había quedado tras el calvario en que se
convirtió lo que pudo ser un buen entreno minutos antes.
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