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Pepemillas La Locomotora de Moratalaz

Partes de guerra de mi lesión.

Partes de guerra de mi lesión. PARTE Nº3


SEMANA DEL 27 DE JUNIO AL 03 DE JULIO DE 2005
SEMANA 11 DE BAJA DESDE LA OPERACIÓN.


Del Lunes 27 de Junio al Viernes 01 de Junio.


Los días que completaron mi semanita con todos los gastos pagados en el Hospital, como yo la llamé en su momento. Una forma de darle un toque de humor a una situación que era totalmente nueva para mí y que no me terminaba de creer. Cuando me dijeron que tenía que quedarme ingresado, sentí que el mundo bajo mi pie sano desparecía por completo. “¿Pero qué es esto? ¿Que me tengo que quedar?” – dije, rebelde de mí -. “Si, te vas a tener que quedar aquí por unos días en observación porque te hemos detectado un trombo en el pulmón que hay que tratar en total reposo y con una medicación específica. No te asustes, lo hemos cogido a tiempo y habrá que eliminarlo y hacerte algunas pruebas para seguir su evolución.” – me dijo un enfermero. Así que, obediente de mí porque no me quedaba otra, me quedé ingresado y en seguida me trajeron mi primera cena de Hospital.


Lo primero que me hicieron fue ponerme oxígeno y extraerme una muestra de sangre, dejándome una vía puesta en el brazo, por la que luego me administrarían suero y los calmantes correspondientes.


Después de pasar todo el día haciéndome todo tipo de pruebas, desde análisis hasta radiografías, electrocardiogramas, una pasadita por el escáner, y más y más análisis, aquello ya era sólo un paso más de lo que me quedaba por pasar esa semana.
No puedo evitar acordarme de una extraña sensación de culpabilidad que me invadió en esas horas. Los trastornos que está causando en casa esta lesión ya tan prolongada y con tantos sobresaltos, no lo vi como algo justo para los que me rodean. Me hundí un poco y si no le pedí perdón a mi mujer unas veinte veces, no lo hice ninguna. Supongo que eso es natural. “¡Y ahora esto…!” – pensaba para mí.


La reacción de mi mujer cada vez que se lo decía era muy rotunda: colleja al canto. Un buen pescozón que me quitaba de forma inmediata por un rato esos pensamientos de culpabilidad. Pero es que pensar en cómo alteraba esto al ritmo de vida en casa, era algo que me dejaba muy mal cuerpo.


Y nada… a pasar mi primera noche de Hospital… A esas alturas y con los calmantes que ya llevaba en el cuerpo, la molestia del costado apenas era apreciable. Dormí como un bendito. ¡Y con ganas! La sensación de cansancio sí que seguía presente. A lo largo de la noche vinieron varias veces para tomarme la tensión y administrarme los antiinflamatorios o analgésicos. Esto era más o menos la rutina de cada noche. A lo largo del día igual. No me levantaba de la cama nada más que cuando venían a cambiarme las sábanas.


(Continuará…)

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