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Pepemillas La Locomotora de Moratalaz

Orgullo de corredor

Orgullo de corredor Transcurre el tiempo, se escapa. Se fuga, como agua entre los dedos… Imposible detenerlo… Y sin embargo, yo lo he conseguido. Sintiéndome vanidoso de ello, engreído por mi logro, contemplo el cronómetro en mi muñeca, y veo que en una de sus memorias, aún conservo los tiempos de mi penúltimo entrenamiento. Fue hace tanto tiempo…


10 de Diciembre de 2004… Había pasado casi un mes desde mi participación en el Medio Maratón de Moratalaz en el que tanto disfruté. El cronómetro, certero y frío me dice que empleé 0:25:46 en hacer 5 Klms. Analizo en detalle y desmenuzo cada kilómetro… 5:03, 5:02, 5:12, 5:11 y 5:16. Entonces yo ya andaba “tocado” del ala por la lesión que desde entonces arrastro. Y ya van seis meses…


Aún no me había enseñado su verdadero rostro. Se anunciaba, pero yo no pasaba de culpar a las zapatillas. Aún hoy sospecho de ellas como culpables de todo esto. Me dijeron los doctores después que normalmente, esto que yo llevo a cuestas, viene como consecuencia de un trauma (léase golpe), o por una torcedura (léase luxación). Y sin embargo con ese nombre acabó quedándose: Luxación del tobillo con afectación de los tendones peronéos… Pero aún hoy, no recuerdo que me pasara nunca ni una cosa ni la otra. Y eso, repito, aún hoy me desconcierta.


Tocado del ala como andaba, recuerdo que ese día, a esas alturas, no pude más con la molestia y decidí que era momento de parar. Descansaría unos días y a ver qué pasaba… Aún así, veo que conseguí mantener una regularidad que hoy no sé si sería capaz de repetir.


Consulto las memorias de mi crono y me encuentro que cuatro días después…


14 de Diciembre de 2004… Empleé 1:02:43 para hacer 10 Klms. Desgrano cada kilómetro y veo: 5:04, 5:32, 5:57, 6:46, 7:01, 7:17, 7:20, 6:05, 5:42, 5:56.


Ni tres kilómetros, y me rindo a la evidencia de que algo no va bien. Decido aflojar, pero no abandonar. Me da rabia. Sigo corriendo y sigo levantando el pedal. Así durante siete kilómetros. Ahí decido apretar los dientes y en un último golpe de coraje, me empleo a fondo para terminar el rodaje de 10 Klms que había planeado hacer al salir de casa. Después, que viniera lo que fuera, pero ahora, a terminarlo como fuera…


Y casi lo consigo. Al menos conseguí bajar los tiempos. No sé cómo, pero lo hice. Desprecié lo que ya eran más que molestias evidentes, y tomaba tintes de dolor… Terminé. Pero sabiendo que ya no habría más intentos. Estaba todo perdido. Había que emplear el tiempo y las energías en averiguar qué era lo que andaba mal. No había otra. Pero no me quedó el amargo sabor de boca de no hacer terminado lo que había salido a hacer. Había que terminar 10 Klms. y los terminé. Orgullo de corredor, qué malo eres a veces… Mi penúltimo golpe de orgullo.


El próximo golpe de orgullo vendrá si Dios quiere, cuando termine todo esto y vea que lo que hoy por hoy no me parece posible, pueda de nuevo volver a serlo: Correr mis primeros 500 metros, o quizá mi primer kilómetro entero.


Tal vez mi orgullo de corredor me esté haciendo ver las cosas demasiado fáciles. Sí, tal vez hasta 500 metros sean muchos. Pero no quiero dejar que madure la idea que llevo en el fondo de unas zapatillas que todavía no he estrenado y que compré con la idea de correr el MAPOMA 2005… Esa idea es, que me parece imposible que este pie vuelva a recordar lo que fue capaz de hacer un día. Que recupere su memoria y sea capaz de de volver a correr. Que tal vez me tenga que conformar como mucho con volver a andar normalmente. Y tal vez eso sea todo.


Seis meses de lesión dan para pensar en muchas cosas y no todas son buenas. Pero prefiero dejar esto escrito con la esperanza de que al final las cosas no terminen así y poder reírme de ello al volver a leerlo algún día. Todavía conservo esa esperanza. Todo contradictorio, confuso y gris. Orgullo de corredor.


Pepemillas.

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