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Pepemillas La Locomotora de Moratalaz

Historias de mi pie izquierdo

¿Acaso tendré miedo?

<font size=4>¿Acaso tendré miedo?</font> Recientemente he hablado y lo sigo haciendo, con un compañero de trabajo
que comparte esta afición por el atletismo popular con nosotros. Y más
concretamente por el Maratón.


Lleva en sus piernas un buen cirriculum de MAPOMAS y Medios Maratones
de Madrid y San Silvestres. Es decir que experiencia no le falta.
Se llama Miguel y para más abundancia tenemos amigos de esta afición
en común. Entre otros diré que conoce a Kike, y a Emilio Comunero.
Por eso cuando hablamos de todo este mundillo de las carreras populares,
a mí, irremediablemente se me hace la boca agua. Y él lo sabe.


No son pocas las veces que me ha animado a retomar las zapatillas.


El caso es que hace pocas fechas, después de correr el último Medio
Maratón de Madrid, me picó tanto tantísimo comentándome cómo le fue
la carrera, que no pude por menos que llamarle un poco después por
teléfono empezada ya mi jornada de trabajo.


Y no era para otra cosa que para darle las gracias.
Sí, porque desde que me subí al coche en el que hago la patrulla,
hasta que llegué a mi primera parada del día, me pasé el trayecto
reflexionando sobre qué podía ser lo que me pasaba. Y llegué a la
conclusión de que tal vez lo que tenga sea miedo. Miedo a ver a los
médicos que me podrían dar la solución a este parón en el que me
encuentro. Miedo a que me digan sobre todo, que me olvide de este
deporte que tanto quiero. Miedo a que tal vez no tenga solución lo
de mi pie, que es lo que me hace tener cierto reparo a ponerme las
zapatillas para intentarlo siquiera una sola vez.


Y me planteé si ese miedo del que tal vez no me había dado cuenta
hasta ahora es el que me impide acudir al médico para ver qué salida
puede tener esto. Por eso, cuando le llamé a mi compañero Miguel,
además de darle las gracias por abrirme los ojos a algo que hasta
ese momento no había sido capaz de ver, le hice la promesa de ir
al médico de cabecera tan pronto me fuera posible para pedir cita
para el traumatólogo.
Sí, se lo prometí. Y así lo hice días después. Pasé por la consulta
y tengo cita para el traumatólogo, el próximo 25 de este mes.


En cuanto me dieron el volante para el médico de cabecera fui
expresamente a ver a mi compañero Miguel para enseñárselo y para
darle de nuevo las gracias. Ahora tengo la promesa en el aire de
que si todo va bien, le debo una trotada juntos del mismo modo que
la tengo pendiente con Josero, con Tetovic y tantos más.


Por todo ello quiero mandar desde aquí un saludo a Miguel y un fuerte
abrazo por haberme hecho recobrar la ilusión y las ganas por volver
a intentarlo. Gracias, compañero.


Esperemos acontecimientos. Y que unas plantillas, que es en lo que
tengo planteadas mis esperanzas, sean la solución. Porque desde
luego, a lo que no estoy dispuesto, es a volver a pasar por un
quirófano. Al menos por este motivo.
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Las nubes se fueron, pero el sol no me llega

<font size=4>Las nubes se fueron, pero el sol no me llega</font> Hace unos días oí en la radio una canción que decía esto.
Creo que era de Julieta Venegas. Y es que algo así es lo
que me pasa a mí. En vísperas del MAPOMA 2008, no tengo
más remedio que echar la vista atrás y repasar todo lo
pasado hasta aquí.


Un buen resumen sería: Cojo no estoy, pero bien tampoco.
Sé que el pie no marcha. Me permite andar y trabajar,
pero para lo que yo quisiera… no me sirve.


Sé que lo peor ya pasó. Y que no quisiera volver a pasarlo
también lo sé. Pero lo que ha quedado no es mejor. Las nubes
se fueron, pero el sol no me llega. No veo los frutos de
tanto sacrificio y de tanto mal rato pasado, sobre todo
por los míos más que por mí mismo.


Echo de menos correr y sentir la brisa chocando en mi cara,
sudar la camiseta en verano, entumecerse las manos y los
labios en invierno, el asfalto deslizándose bajo mis pies
y el peso de los kilómetros trotados en mis piernas.
Echo de menos todo eso.


Y ahí está mi perrilla Noa preguntándome: “¿Qué vas a hacer?”.


Esperar – la respondo -, esperar… Dentro de poco veré al
traumatólogo y será quien aclare las dudas que tengo.
Mientras, esperar y prepararme para asumir lo que tenga
que decirme. Y si es lo que yo creo, prepararme para una
resignación para la que no me siento capacitado.

Ahora, sólo pensar en MAPOMA 2008 y la fiesta que será
reunirme con los amigos que lo van a correr. Hace tanto
que no los veo...

No va mal, va despacio, pero por buen camino

<font size=4>No va mal, va despacio, pero por buen camino</font>

No me puedo quejar. Esta vez no. Va despacio pero bien. Por buen camino. A buen ritmo y a buen paso.

Esta vez me siento más observado. El seguimiento está dando sus frutos. No tiene
nada que ver el pie que tengo dos semanas después de la operación, con el que
tenía tres meses después de la operación anterior. Ni punto de comparación.

¿Es que habrá surtido efecto la queja presentada en su día en Atención al
Paciente? ¡Cualquiera sabe!

Hoy me han quitado tres de las cinco grapas que me quedan por quitar. Probablemente
el Lunes o el Martes terminen de quitarmelas y con ello habrá terminado lo más
desagradable de este proceso. A partir de ahí será cuestión de tiempo tan sólo.
¡¡ Qué ganitas, Dios !! ¡¡ Qué ganitas !!

Vuelvo a recurrir a la foto de Grey para acompañar estas líneas, porque así es
como me siento en estos momentos. Voy viendo cada vez más luz por entre las nubes.

Tres días de aúpa...

<font size=4>Tres días de aúpa... </font>

Estos tres últimos días han sido particularmente antipáticos
de llevar. El Lunes no pudieron hacerme la cura porque no les
gustaba nada el aspecto que presentaba el pie a pesar
de estar bajo una dosis bastante fuerte de antibióticos.
No se atrevieron a quitarme las grapas.


Me mandaron ir al Hospital Virgen de la Torre que es donde
me operaron para que me hicieran un drenaje. Fui el mismo
Lunes, no esperé ni un día.
Me alegro de haberlo hecho. No me hicieron el drenaje, pero
las perrerías que me hicieron me dejaron un mal cuerpo de
tres pares de narices. Me "exprimieron" literalmente la herida.
Prefiero no describir lo que salió por ella. Vamos a dejarlo
en que me "extrajeron" a empujones un coágulo de sangre
bastante importante.


Ayer Martes tenía el pie dolorido todavía y no pasé muy
buen día ni con calmantes.
Hoy nueva sesión de "exprimido de pie". Han sacado más.
Y mañana me espera otra.


La enfermera alucinaba hoy al ver que apenas me alteraba
al pellizcar la herida. "¿Pero no te duele?" Y yo: "¡Claro que
me duele ! Pero haga lo que tenga que hacer. He aprendido
a soportarlo" Ella: "¿No se marea?" Y yo: "El dolor y yo ya
somos íntimos. No pienso en lo que me duele, sino en lo
bien que voy a estar cuando esto termine" Y ella: "Así
da gusto. Pues nada voy a aprovechar para apretar un
poco más" Y yo: "Apriete, apriete. Sólo saber que no hay
infección ya me da ganas de salir bailando de aquí"
Y ella se reía.


Que no, que no hay nueva infección. Eso me tranquiliza.
No tenía ni idea de que "todo eso" podía estar dentro de
mi pie. Pero ya no está.


El dolor es bueno, te recuerda que estás vivo, que diría
el amigo ATENAS.
A seguir pensando en cuando todo esto termine. Ya está
unos cuántos kilómetros más cerca la meta.
¡¡ Y pensar que algunos se hacen un Maratón en 3 horas y
otros ni siquiera hemos pisado la línea de SALIDA en casi dos
años... !!


¡¡¡ Qué envidia más grande la que me dais los últimos
Mapomeros !!! Esa salida... esa llegada... esos momentos...
He corrido tantos Mapomas ya en mi cabeza que he
perdido la cuenta. Cada día que pasa corro uno.
Lo imagino, lo sueño, lo acaricio, lo vivo...

Carta abierta a los amigos que correrán MAPOMA 07

<FONT SIZE=4>Carta abierta a los amigos que correrán MAPOMA 07</FONT>

Que el Domingo en el Mapoma tengáis más suerte de la
que he tenido yo hoy. No quería dejar de asomarme
al balcón a decíroslo, no sea que luego no haya tiempo.


No, no han ido bien las cosas. Pero no pasa nada.
NO PASA NADA. De sobra sé que esto es cuestión de
tiempo y si es así ¿qué más da 10 días más que diez dias
menos después de llevar con esto casi año y medio?


Pues eso que según el "trauma", a tenor de la dosis de
antibióticos que llevo encima, el pie no debería estar
como está. Aspecto, coloración, tumefacción, y sobre
todo inflamación.


En fin que me suena la música. Tanto que hasta me la
sé de memoria.
Tan "antiestético" lo ha visto que no se ha decidido a
quitarme todas las grapas en espera de que la cosa
cambie. Me ha quitado la mitad (alternas). Más reposo,
más pie en alto, y buenos alimentos.


Tenía hasta la esperanza de hacer una escapadita el
Domingo a algún punto kilométrico del recorrido, pero
no creo que mi santa me deje.


A temblar de emoción frente al televisor. Qué se le va
a hacer. Bueno perdonadme el ladrillo. Que "estaré"
allí con vosotros de todas formas.
Uuuuuuuuufffff... no sé qué más decir, ahora mismo
me parece que esto sea una despedida y no lo es.
¡¡¡ Maldita sea !!! ¡¡¡ Palante, siempre palante, Pepe !!!


Os aprecio lo que no os imagináis. Hasta pronto,
Socios. Nos vemos el Domingo. ¡¡¡ ¡¡¡ A por ellos que
sólo son 42.195 metros !!!


Creo que estoy sintiendo algo en el pecho... los
ojos me pican... ¡Ah, si... es que he dormido poco.
Eso será...

Abrazos.

Llegó el día

<font size=4>Llegó el día</font>

Y todo fue bien. Incluso, mejor de lo previsto.


A parte de esto, me dijeron otras lindezas que de momento
me niego a aceptar y publicar.
Uno, a fuerza de palos se ha hecho impermeable a cierta
clase lindezas y prefiere no tirar cohetes antes de tiempo.
Cada vez que lo he hecho me ha salido el tiro por
la culata.


No. Prefiero ser prudente, no construir falsas esperanzas y dejar
que el tiempo con su transcurir sea quien hable.


Esta operación ha sido consecuencia de una infección
producida en el postoperatorio de la que me hicieron
en Noviembre del año pasado. Por eso, prefiero ser
prudente y dejar pasar las cosas por sí solas y
como tengan que venir.


Mi agradecimiento a cuantos habéis estado pendientes
de todo esto de una forma u otra.


Un abrazo.

Señoras, señores, la semana que viene me operan

<font size=4>Señoras, señores, la semana que viene me operan</font>


Por fin algo se me cumple a modo de profecía.


Hace unos días me lo propuse y parece que por fin lo puedo cuumplir. Dije que no hablaría más de mi estado de convalecencia hasta que llegara esta fecha y así lo hago.


Ayer por la tarde me llamaron del Hospital. Me operan el 12 de Abril a las 08:00 de la mañana.
¿Qué os voy a contar? No hace falta, ¿no?


Pues eso. Y para celebrarlo, una foto que me envió Grey en tiempos de oscuridad. Ese rayito de esperanza que se abre paso entre la tormenta... lo dice todo...


Gracias, Grey, gracias, amigos.

Nada es blanco, nada es negro

<font size=4>Nada es blanco, nada es negro</font>

A esa conclusión me he obligado a llegar una vez más a mí mismo.


En la vida, nada es blanco, nada es negro, todo es gris con sus diferentes matices.
La actitud que estoy teniendo con el tema de mi pie no es nada positiva y me lo recrimino sin cortapisas.


Siempre he dicho que hay cosas peores que la mía y me avergüenza estar día si día no con lo mismo. Así no se adelanta nada. Ya está hecho cuanto podía hacer. He presentado la pertinente reclamación firmada y sellada. Con que sirva para que no se cometan los mismos errores con otros, que se han cometido conmigo me daré por contento.


He arañado una semana al calendario restante hasta que me operen, ¿qué más puedo pedir ya? Cuando tenga que ser, que sea. Por eso me he prometido a mí mismo no volver a hablar de esto hasta que tenga que decir: “Señores, la semana que viene me operan”. A ver si lo consigo.


Me he dado cuenta – y me da mucha rabia -, de que me estoy perdiendo muchas cosas por culpa de esta actitud. Todo por leer ayer cuatro frases en diferentes Bitácotas que me impactaron positivamente. Transcribo y detallo:


En “Mi pequeño rincón” de Anita, "El tiempo hermoso y el mal tiempo, están dentro de nosotros, no fuera"... - Ling Yu Tang – Sin comentarios.
En el “A bambar que son dos días” de Sylvie, una frase del amigo nekerun:“El optimismo no es garantía de nada, quizá solo indica unas enormes ganas de vivir". Si es suya o tomada no lo sé, pero la tomo como suya. Sin comentarios.
En “Un lugar llamado Esparta” de Tetovic, en su cabecera: “El dolor es pasajero - El orgullo es para siempre”.
Y en otro lugar de la inmensa red: “La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte”. - Immanuel Kant –


Yo soy fuerte, lo sé. Por eso me sorprende estar como estoy mentalmente. Encontrar estas cosas es bueno. Aprenderé a tomar el camino de la paciencia, pero porque soy fuerte y positivo y no débil y abatido. A mí no me abate ni esto.
Y cuando todo termine y vuelva a correr mis primeros cien metros, me sentiré orgulloso de haber vencido a esto y al dolor.


Las lecturas de estos Blogs, fueron muy positivas para mí ayer. Sus enlaces están en el índice de la derecha para quien quiera conocerlos. Los recomiendo.


A TODOS, gracias por estar siempre ahí.
Abrazos.

Algo de matemáticas

<font size=4>Algo de matemáticas</font>

Nunca fueron mi fuerte. Tormento fueron en su día cuyos
malos recuerdos aún reverberan en mi mente.


Aún reconociéndolo, creo que hasta cierto punto controlo
lo necesario para hacer algunos cálculos. Y aún así, termino
dudando si lo mío será crónico y no soy capaz de ver lo
que en apariencia es evidente.


Vamos a hacer un ejercicio a ver si somos capaces de sacar
algo en claro... Ni caramelos, ni manzanas: la vida real. Al
menos la que a mí me toca vivir.


Planteo:
El día 15 de Marzo se pone en marcha mi papeleo para la
operación del pie, y entro en la lista de espera. Consulto la
lista de espera y me dice que tengo por delante a 196

pacientes - pacientes tan impacientes como yo, eso seguro,

pero pacientes al fin y al cabo -, y asegura que la media
de espera está en 21 días hábiles.
Eso lo lleva diciendo desde el día 15 siendo entonces 270 los
pacientes que tenía delante.


Sabiendo que van a una media de 7 pacientes por día - lo
tengo comprobado -, creo que tendría que dividir los 196
pacientes que tengo por delante, entre 7. Eso me da 28,
y que yo sepa 28 no es igual a 21.
Bien, traslado esa cifra al calendario, la paso a días hábiles
y me sale que, teniendo suerte y si no hay un cataclismo,
me operarían... ¡¡¡ el 3 de Junio !!!


Lo "gracioso" es que cuando hice la cuenta de esos 21 días
el 15 de Marzo, me salía como fecha probable de la operación
el 12 de Abril. Desde el 15 de Marzo han transcurrido
9 días hábiles y resulta que la operación se ha alejado casi
dos semanas.


Me parece que no son sólo las matemáticas lo que se me dan
mal. Va a ser la física también. ¡A ver si ahora va a resultar
que la distancia más corta entre dos puntos no va a ser la
línea recta! Cuántos más días pasan, más lejos está la fecha
de mi intervención. ¿Esto cómo se come? ¿Con qué fórmula
matematica se calcula esto?


Se me ocurre una: A - B no es igual a C, es igual a C más IVA. ¿?

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Una de cal y otra de arena…

<b><font size=4>Una de cal y otra de arena…</font></b>

Analítica y Electrocardiograma, el Martes pasado. Esa es la de cal.
Estudio preanestésico, ayer. Esa ha sido la de arena. Pero con ración doble además.


Doble ración porque doble ha sido el fiasco. ¿Cuándo aprenderán los médicos a informar de los pormenores de una dolencia y su remedio? ¿Cuándo aprenderán a decir las cosas de un tirón y no a cuentagotas? ¿Qué pretenden? ¿Ahorrar sufrimiento?
¿Es justo que ayer mismo me entere por un anestesista de lo que me espera?


Uno procura estar mentalizado para lo que le espera. Se esfuerza, lucha y a veces, hasta lo consigue. Pero lo de ayer fue demasiado.


Al grano: que no es una operación la que me espera, sino dos. El currículo quirúrgico de mi pie gana caché. Con estas, serán cuatro operaciones en el mismo pie en menos de dos años. Increíble. Pero cierto. Resulta que en el caso de estas infecciones, la primera es para extraer lo que está mal y limpiar la zona afectada. Pero luego, hay que restituir lo que se ha quitado. Y esto, no se hace en la misma intervención.


Para semejante chaparrón no estaba preparado. Consecuencia de ello es que ayer pasara el resto del día bastante “arrugado”. Esto, a parte de que no me sonara nada bien lo de “limpiar” la zona afectada. Alguien con experiencia en el tema ha hecho llegar a mis oídos algo que preferiría no haber oído nunca y eso me inquieta.


En fin, que ayer doble de arena, porque eso por un lado. Y por otro, que me vuelven a hablar de un plazo de un mes para la intervención. Parece que me ponen el bombón el los labios y cuando lo voy a morder me lo alejan. ¿Tendré que mover ficha de nuevo para que le den a esto otro empujón? He perdido ya la cuenta de las preguntas que me hago. Son tantas…

El que no llora no mama

<font size=4>El que no llora no mama</font>


Y seguimos con los refranes para no perder la comba…


Dije el otro día que no todo estaba ganado aún. Que tenía que hacer por recortar mi condena de esperar hasta el 30 de Marzo lo más posible. Bueno, pues lo conseguí. Me puse cabezón yendo de un lado a otro y llamando aquí y allí. Y conseguí lo que quería.


Mañana Martes me hacen la analítica y el electro. El Jueves me tengo la cita de preanestesia. Calculo que a lo sumo en unos 10 días ya se ocupará de mí el matarife. No está mal, pero eso sí, he tenido que llorar un poco. La cosa me ha costado un par de asaltos, pero por una vez han entrado en razón sin esforzarse mucho.


Lo dicho: el que no llora no mama.

De bien nacido es ser agradecido

<font size=4>De bien nacido es ser agradecido</font>

Parece que últimamente lo mío es iniciar los artículos con refranes, pero en esta ocasión es más necesario que ninguna.


Me llevé una grata sorpresa el otro día al encontraros aquí a tantos con vuestras palabras de ánimo. Fortifican mucho la moral de uno en momentos bajos. Y la verdad, confieso que yo he pasado por uno. Pero pequeñito. Ya está ya ha pasado. Es que tanta pelea agota y esta gente me ha hecho pelear mucho.


Los asuntos médicos me han restado tiempo estos días, pero también las fuerzas me han flaqueado y por eso me aparté un poco de todo.


Lo que lamento es no haber tenido fuerzas para contestar a todos y cada uno de los mensajes en sui momento que hubiera sido lo adecuado.
Sé que tal vez es mucho pedir pero os ruego me disculpéis.
Tampoco está uno acostumbrado a recibir tantas visitas de golpe, caramba.


Repito: Muchas, pero muchas gracias a todos.

Anécdota amarga

<font size=4>Anécdota amarga</font>

Se me pasó comentar que la última vez que pasé por el despacho de Atención al Paciente, quien me atendió, al comentarle lo de los tornillos, dijo:
- ¿Tornillos? No hombre, tornillos no puede ser que haya. En una operación de juanete no se implantan tornillos.
Esto, como si yo estuviera confundido o no supiera de lo que estaba hablando.
- ¿No? – pregunté yo. Cogí mi radiografía y se la mostré -. ¿ Y esto qué es?
- ¡¡ Ah, pues es verdad, hay tornillos !!
Pues eso, como San Mateo, si no lo veo no lo creo…
Mi juanete sí tiene tornillos. Así es de rarito el pobre. ¡Qué le vamos a hacer!

Suma y sigue...

<font size=4>Suma y sigue...</font>

Como me temía, terminé de nuevo en Urgencias. Era inevitable. Toda la lata que pueda dar para que alguien abra los ojos a lo que es evidente y pueda abreviar la espera hasta esa cita del día 5 es poca.
Nueva ración de dolor intenso y al Hospital que fuimos. Esta vez la estancia fue más breve. Tuve suerte: apenas dos horas.


El especialista que me vio esta vez, volvió a insistir en que “hay algo que no va” en la zona de los tornillos. Directamente y para atajar la posible infección, antes de tener que recurrir al bisturí, no se cortó en recetarme antibióticos. Es el primero que lo hace, cosa que le tengo que agradecer.


Hoy… hoy para no variar, me he levantado como yo digo “con el desayuno ya puesto”. Esto es que el pie estaba al levantarme como si ya llevara unas horas levantado. Hinchado y con dolor general bastante intenso.


Cuando corres un Maratón y ya has superado el temido mazo del treinta y tantos y llegas al cuarenta, te dices a ti mismo: Bueno, lo peor ya ha pasado. Ya sólo quedan poco más de dos kilómetros.
Pues esto es igual. Hoy es día 2. Ya sólo quedan 3 para el día 5. Puedo llegar.
Y así lo tengo que ver. ¿Qué otra me queda?
Mientras, sobrellevo mis nervios y dándome cuenta de que los que me rodean a veces me tienen que aguantar cosas que no son de recibo. Casi siempre de mal humor y saltando a la mínima. Eso no está bien. Nada bien. Procuro apaciguarme y tengo que hacerlo aún más y mejor. Siempre me termino diciendo que no debo volver a hacerlo. Pero lo vuelvo a hacer.


Esto es lo que me hace pensar en cierta culpabilidad.
Me siento culpable de lo que estoy haciendo pasar a los que me rodean. Y no es justo.


Es todo tan contradictorio...

El corporativismo existe. Lo he comprobado.

<b><font size=4>El corporativismo existe. Lo he comprobado.</font></b>

Ya en el Marañón me pareció ver que ninguno se atrevía a tocar donde el Doctor X – vamos a llamarlo así -, había operado. Parece ser que se le tiene por una eminencia.
Si eso es lo que me pareció notar en el Hospital, luego tendría ocasión de confirmarlo en el Ambulatorio el Lunes.


Resulta que tal día voy por la mañana al Ambulatorio a mi médico de cabecera y me hace saber que el Doctor X ya no está. Ha desaparecido. No está disponible. No forma ya parte del cuadro de traumatología de la S.S. Parece ser que le han ofrecido otra cosa y ya no puedo contar con él. Por lo que parece, cuando le nombro parece que fuera el primo de Dios. Y no exagero.
Intenta que vaya a ver de nuevo al Traumatólogo al que no quiero ver ni en pintura y lo rechazo rotundamente de plano. Me busca un nuevo Traumatólogo que atiende por la tarde. Acepto.


Cuando le veo y le hago saber quién me operó, veo caras raras tanto en él como en la enfermera que tiene como ayudante. Le explico el problema, la enfermera me pide que me descalce para hacer una exploración, y al verme el pie no se cree que todo aquello venga por una operación de juanete. Se miran entre sí y si no dicen media docena de veces que “aquello se ha complicado”, no lo dicen ninguna.
“Esto se nos ha complicado”, “esto se nos ha complicado”… Me deja inquieto y al final termina por saltarme que es posible que los tornillos de Titanio que me implantaron, estén dando problemas de rechazo.


En seguida se me pasa por la cabeza que si es así, lo lógico será que tengan que abrir de nuevo para arreglar lo que haya que arreglar.
Total que la perspectiva de una nueva operación aparece en mi horizonte.
Este Traumatólogo dice que no puede hacer nada más y me remite a otro que es el nuevo jefe de Traumatología y que está en otro centro.
Vuelta a pedir nueva cita para este especialista. Ese es otro capítulo… Lo más pronto que me pueden dar cita para él – que también es cirujano y apenas tiene huecos para consultas -, es el 15 de Marzo. ¡¡¡El 15 de Marzo!!! Hago lo posible por que entiendan la situación y que sea antes. ¿Qué consigo? Consigo que en vez del 15 sea el 7. Aún esto me parece mucho. Voy a Atención al Paciente de nuevo. ¡Oh, milagro! En vez del 7 pasa a ser el 6… No lo acepto y me dicen que remitirán el informe a Dirección Médica. Me han llamado esta mañana. Resultado: la cita será el 5 de Marzo, parece que no se puede hacer más. Vale.


A mi hoy me duele el pie de mil infiernos. Creo que hoy terminaré yendo a Urgencias del Marañón a llorar otro poco a ver qué saco. Esto es insoportable. Los calmantes y antiinflamatorios no me hacen efecto. Lo único que lo hace es el hielo y los baños de agua caliente con sal gorda. Pero eso es momentáneo y sólo sirve para enmascarar algo que no desaparece.
En realidad debería de haber ido ayer, pero si el Ambulatorio estaba bajo mínimos de citas y de especialistas por el tema de las elecciones sindicales, imaginaros cómo no estaría el Hospital. Por eso preferí aguantar.
Así que hoy toca nuevo transtorno familiar con lo que supone que todos tengan que ajustar sus tareas a lo que yo necesito… Mi mujer dejando de asistir a sus clases y mis hijas comiendo solas.
Por esto es por lo que decía que me siento culpable. Y este sentimiento merece otro capítulo a parte, pero será en otro momento.

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Un poema con los renglones torcidos

<b><font size=4>Un poema con los renglones torcidos</font></b>

Un poema con los renglones torcidos. Un Cristo. Un globo a punto de estallar. Una cosa. Una masa indefinida al final de la pierna. Y no sé qué más. No sé cómo o con qué más compararlo, pero eso es lo que era mi pie al terminar de trabajar el Domingo pasado por la mañana. Tal era su aspecto.


Y a juego con él, mi cara. Pocos eran los que me preguntaban al entrar por la mañana que me preguntaron cómo estaba. Con verme la cara ya tenían la respuesta dada.
Y el Sábado igual. Y el Viernes, y el Jueves, y el Miércoles, y... así todos los santos días hasta llegar al Sábado anterior en que por imperativo legal y facultativo empecé a trabajar. Pero aguanté como un jabato. Menudo soy yo para aguantar lo que sea… Excesivamente cabezón, tal vez.


Esto, si hubiera sido en día de diario hubiera sido más fácil de entender puesto que estés en el puesto que estés, no paras, pero el fin de semana no tiene sentido que el pie se pusiera así. Salvo para hacer las rondas - que ni siquiera hice, porque mi jefe no me dejó, que las hizo él por mí -, salvo eso, estás todo el día sentado. En mi caso la noche puesto que trabajé de noche.
Al amanecer, y aparecer el relevo de la mañana no tenía inflamado sólo el pie y el tobillo hasta una buena altura, sino que también tenía hinchada la pierna hasta la rodilla. Eso, y el color que presentaba el pie, me decidieron a ir a Urgencias del Gregorio Marañón.


Horas y horas de espera, con cambio de turno por medio incluido en que todo se pone patas arriba y nadie da pie con bola. Exploración del pie. El pie sudando y dándome cornadas constantes y cadenciosas. Nueva sesión de radiografías. Más horas de espera.
Al verlas, tampoco encuentran nada que sugiera infección alguna en el pie. Analítica competa de sangre para terminar de descartarla. Más horas de espera. No encuentran ni rastro de la infección al ver los resultados, pero me empiezan a sugerir una posible infección ósea. La verdad es que nada en todo esto me hace gracia, pero oír eso, menos.
Traducido a tiempo, esto fueron más de siete horas del Domingo que se escaparon como agua, con mi mujer conmigo y mis hijas solas en casa.


Poco, a medida que iba habiendo alguna novedad, se la hacía saber a mi mujer que estaba en la sala de espera, por medio de SMS.


Me hacen el informe y me remiten al Traumatólogo que me operó, haciendo especial hincapié en que me reciba él y no otro. Ese es otro capítulo de toda esta cadena de despropósitos. Ahora paso a explicarlo.

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