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Pepemillas La Locomotora de Moratalaz

6 de Enero de 2006. Año Nuevo, Nuevos Deseos...

<font size=4>6 de Enero de 2006. Año Nuevo, Nuevos Deseos...</font>

En mi casa, como supongo que en tantas otras, es tradición colocar bajo el árbol de Navidad en la noche de Reyes el calzado de los cuatro que conformamos la familia.
A la mañana siguiente, junto al calzado de cada uno, magicamente,"aparecen" los regalos que los Reyes Magos han tenido a bien conceder a cada uno de nosotros...


Este año, el calzado que yo he puesto es bien distinto al de ocasiones anteriores. Viendo la foto... ¿se adivina bien el calzado que he puesto...?
¿Se adivinan aunque no se vean, cuales han sido los deseos que le he pedido a los Reyes Magos para este 2006...?


¡¡Pues eso!! ;-))

Salud, saludos y buenos Reyes y deseos para todos esta noche.

31 de Diciembre de 2005. Mi particular San Silvestre.

<font size=4>31 de Diciembre de 2005. Mi particular San Silvestre.</font>

Segunda prueba, realizada con éxito. Rotundo éxito diría yo…
El ejercicio ha consistido en 15 minutos de carrera continua sobre tierra. Sin medir distancias ni pulsaciones. Tan tranquilamente como tres días antes. Trote extracochinero, con el único fin de cubrir un tiempo establecido: 15 minutos.
Objetivo conseguido. Sensaciones, las mismas. Muy cómodo.


Cada vez me siento más seguro de mí mismo.
Sin abandonar la concentración en todo momento, observándome. Escuchando al cuerpo en ese diálogo que mantenemos los que tenemos esta afición, como dice ATENAS.


Sin embargo, aunque el objetivo no era medir distancias, cuando pasé por el mismo punto en que el otro día terminé, me di cuenta de que mis piernas me estaban engañando. Creía que iba al mismo paso pero no era cierto. Cubrí el mismo recorrido en 30 segundos menos. A partir de ahí, aflojé un poquito más si cabe.


De postre, un par de horas antes de las campanadas, me hice 12 Klm. en la estática en un punto de resistencia intermedio. Bien. Duchazo y a preparar las cosillas de la cena.


Hoy descanso. Mañana es posible que le dé a mis piernas la marcha que están pidiendo. Dependiendo de lo cansado que salga del trabajo – salgo a las 6:30 de la mañana -, puede ser que a ese mismo ritmo cochinero haga por primera vez los tres kilómetros de los que hablé para regresar a casa. De hecho, para “obligarme” un poquito, para motivarme, esta noche no me llevaré el coche.


Por supuesto, sin forzar nunca la máquina. En el momento que vea que algo no va, o que no puedo, cogeré el autobús y punto.


Seguiremos informando…


Mientras tanto... a seguir bien, y hacia delante. ¡¡¡Siempre hacia delante!!!


PD: Adiós, 2005. Me diste muchas penas y muchos sinsabores. Por lo menos te vas dejándome un regusto agradable en el paladar. Gracias a pesar de todo. También me has enseñado muchas cosas que espero aplicar en este 2006.

Pepemillas trota de nuevo... La locomotora vuelve a bufar

<font size=4>Pepemillas trota de nuevo... La locomotora vuelve a bufar</font size>

¡¡Sí!! ¡¡Lo hice!! ¡¡Ayer salí a trotar por primera vez desde hace un año.
La experiencia no ha podido ser más positiva. Indescriptible lo que sentí.
A las caminatas es algo a lo que estoy habituado. Incluso a caminatas muy, muy largas, pero lo de ayer, sabiendo en qué iba a terminar fue especial.
Además ir vestido para la ocasión, con el "uniforme de batalla", me puso la adrenalina por las nubes.
Lo hice como lo tenía planificado.
Ayer estaba nervioso, pero por otros temas. Conviene recordarlo. Hoy me siento el hombre más optimista y completo del mundo...


ASÍ ME FUE AYER...
Primeros 500 metros, a ritmo normal. Todo bien. ¡Faltaría más!
Media vuelta. 500 metros a paso ligero. Muy ligero. Mis gemelos, gritaban al final: "Estamos listos... Adelante..." Estaban a tono.
Y pensé para mí: "¡Adelante! ¡Siempre hacia delante...!"
Y me acordé de tantas cosas... Y de tantos de vosotros...
Sin la más mínima pausa... Ahí estaba mi primera zancada... Primera sensación de volver a cortar el aire con la cara... La excitación era increible.


Después de unas pocas zancadas me di cuenta de lo que estaba haciendo...
¡¡¡Estaba trotando de nuevo!!! Suavecito, muy suavecito... Muy despacio... Tentadoramente tranquilo...
Aunque sin pulsómetro, porque la ocasión no lo requería, estoy seguro de que en las primeras zancadas el pulso no se correspondía con el ritmo que llevaba. Antes de los 100 primeros metros, procuré tranquilizarme y centrarme en lo que estaba haciendo. Intenté controlar el paso no fuera a terminar esprintando como lo hice en la carrera del CSIC (¿TE ACUERDAS, SYLVIE)?


Una ligera presión en la rodilla de la pierna "mala" al principio fue todo lo que noté. Duró poco. El pie, en todo momento, de maravilla. La sensación de ir "arrastrando" la pierna afectada, no apareció en ningún momento. Sentí fuerza por igual en las dos piernas. No hace mucho esto no era así ni cuando practicaba el paso ligero.
Os imagináis lo que pasó cuando terminé los 500 metros previstos, ¿verdad?. Sí, mis piernas pedían más. Mi corazón pedía más, el pie también. Mi cabeza... mi cabeza cedió a la tentación.


Hice otros 500. Fabuloso. Me sentía flotar. ¡Cuántas cosas estaba dejando atrás con cada zancada! Cuántos sinsabores... frustraciones y comeduras de tarro...
Al mismo paso, muy despacito. Concentrado y disfrutando del paisaje. El frío era intenso, pero ya no lo sentía.


Terminé mi ración extra de 500 metros... y me sentía como una moto. Ni el más mínimo agobio ni falta de aire. No contaba con ello. Esperaba terminar
agotado. Estoy seguro de que lo que llevo hecho en la bici ha contribuido a que no sea así.
¡¡¡Fabuloso!!! ¡¡¡Fantástico!!! De regreso a casa, me sentía como un niño con zapatos nuevos. Acalorado, pero contento. Unos 25 minutos de ejercicio en total.


Sí, las piernas me seguían pidiendo más, pero esta vez la cordura de mi cabeza se impuso.
Ahora mismo me siento radiante. Eso sí, he dormido como un bendito.
¡¡Y qué sensación al meterme en la cama...!!
No siento agujetas ni nada parecido. Saldría...
No no lo voy a hacer. Ahora, a cumplir con lo pactado con mi cuerpo.
A esperar al menos tres días a ver qué pasa. A ver cómo responde el pie.
Así es como quería despedir el año. Así. Ni más ni menos.
Y no es poco. Os lo aseguro.


¡¡¡GRACIAS PINTER!!! Sé que lo dices en serio y de corazón.
Va por todos vosotros este mi primer trotecillo.


Que tengáis un buen día.

Carta a una verdadera amiga

<font size=4>Carta a una verdadera amiga</font size>

¡¡Hola Sylvie!! ¿Cómo estás?

Oye… te explico la llamada que te hice el otro día. Creo que puedo hacerlo.
A ver, te cuento:


Cuando supe el resultado, que te lo dicen en 20 segundos con una maquinita tipo gameboy, pegué un bote en la silla. Créetelo
Salí del Ambulatorio, y ya en la calle, primer momento de euforia. Quería gritar. Pero antes tenía que llamar a mi niña para contárselo. Y te llamé
Hablé con tu “contestadota automática”. A ver si un día me la presentas...


Di un rodeo para llegar al coche. Quería respirar a fondo todo el aire del mundo. Todo para mí.
Llegué al coche. Entré. Me senté No me apetecía arrancar al momento. Me quedé unos segundos meditando. Sentí llegar el momento débil. Me vine abajo. El momento de euforia había pasado. Ahora era el momento del bajón. Serían los nervios.


En un momento pasaron ante mi vista todos a los que tengo detrás. Todos vosotros. Desfilaron todos los que incluso sin conocerme, me mandan su apoyo constante y sus ánimos. Me desmoroné. Eso, con la ayuda de la musiquilla que estaba escuchando en ese momento en el CD, no era difícil. Una música clásica mezcla de clásica con techno. Me gusta. Es mi disco favorito. Rondó Veneciano se llama. Me acompaña a todas partes. Me “habla” en ocasiones. Un día tengo que hacerte llegar una copia de esta música que se me mete en las venas…


En fi… que me derrumbé…
Me derrumbé… y entonces sí que necesité llamarte imperiosamente. Para darte las gracias. A ti. A todos a través de ti. Creo que no corté a tiempo. Creo que no corté justo a tiempo. Lo notarías, supongo. Lo notarías porque me empezó a temblar la voz. Se me hizo añicos.


Lo que vino a después de colgar, me lo reservo, pero valga decir que me desahogué a gusto. Me quedé bien.


Pero no he terminado. Esto no ha terminado. Tengo que seguir luchando. También sé que queda menos. Eso lo sé muy bien. Lo consideraré zanjado cuando logre correr mi primera carrera.


Gracias, Sylvie. Gracias a todos.


¡¡¡Siempre hacia delante!!!

Los Blogeros-atletas de actualidad...

<font size=4>Los Blogeros-atletas de actualidad...</font size>

Habrá que seguir el ritmo de la actualidad y pondré aquí el artículo aparecido en el Cyberp@is hace un par de días.

 

 

Por rellenar, más que nada... En fin en él se hace mención a quienes además de darle a las zapatillas en esto del atletismo popular, también tenemos afición por juntar palabras y publicarlas a los cuatro vientos. Muchos de mis compañeros con bastante más acierto que yo. Razón por la cual no alcanzo a entender el motivo de ser mencionado. Pero bueno, ahí queda para el capítulo de las anécdotas que no debe faltar nunca.

 

 

Lo gracioso es que esta afición, o la mezcla de ambas, puede llegar a hacernos ganar la categoría de "excéntricos", como se ve en el artículo. No lo sabíamos, señor Sarriegui, no lo sabíamos, pero gracias por hacérnoslo saber. Sin comentarios.

 

Este es el artículo en el que vuelvo a recalcar como ya he hecho en otros sitios, que NO SE HACE la merecida mención al Blog de Plum, en el que se puede seguir el desarrolo de un proyecto tan importante como es la carrera de la lucha contra el cáncer . Este proyecto, tiene nombre propio: Los 101 Klm en 24h. de Ronda contra el cáncer.

 

 

El artículo en cuestion...

 

 

"Puede parecer chocante pero en la Red abundan las bitácoras de corredores y maratonianos que intercambian consejos y experiencias con otros aficionados a esta modalidad atlética. Será que el correr estimula las ganas de escribir.


Quien entre, por ejemplo, en Diario de un Corredor de Fondo, con localizaciones en la Costa del Sol, encontrará una lista de esta curiosa comunidad o anillo de esforzados deportistas. Allí están, entre otros, blogs como Pepemillas La Locomotora de Moratalaz; Los Kilometrotes de Sor Sylvie; Maratón Yo Me Lo Guiso Yo Me Lo Como; Corredor Perezoso; Espirulina y el Asfalto o Historias de Santi Palillo.

Como se ve, una familia un tanto excéntrica, a juzgar por los nombres de sus diarios de internet. Resistencia, media de recuperación, pulsaciones máximas, planes de entrenamiento intensivo, calendario de carreras, equipamiento adecuado... estos son los temas de difusión y debate en esta cofradía apasionada, como se aprecia en uno de los blogs más exhaustivos, Bitácora de Dos Atletas Novatos, que narra paso a paso, de forma casi hiperrealista en los detalles, los preparativos que deben seguirse para llegar en buena forma a un gran maratón, en este caso el de Madrid 2006. Se trata de un diálogo a dos, firmado por Nacho y Ana, muy aleccionador para quienes quieran seguir su senda.

Que nadie espere encontrar demasiada guasa en esta particular categoría de bitácoras. Al contrario, la seriedad es la norma, pese a que alguno de los títulos elegidos puedan inducir a pensar otra cosa.

Un ejemplo, la iniciativa benéfica “101 kilómetros por la infancia”, a la que se han unido varios bloggers deportistas".

 

Edición de Cyberp@is de El Pais del 08/12/05
Autor: Josep M. Sarriegui

Las cuentas no me salen...

<font size=4>Las cuentas no me salen...</font size>

Pasan los días, las semanas... los meses...

 

LLegó Diciembre y casí sin darme cuenta, veré como también ha pasado...

 

No, las cuentas no me salen. Si acaso, la única cuenta atrás que me sale, es la que media entre hoy y el próximo Jueves 15 de este mes. Un nuevo ultimatum se cierne sobre mi cabeza.

 

Se me cayó el Sintrom y no hay forma de levantarlo. Con lo bien que lo llevaba, y... si el 15 no sube, habrá que tirar de Hospital.

 

Este es el resúmen de las últimas semanas... El índice, como ya he dicho algunas veces, debería de estar entre 2 y 3 puntos.

 

10 -11- 05  Índice 5,6 / Hasta este momento los controles eran mensuales. Aquí saltaron las alarmas. Índice peligroso. Alto riesgo.

 

14 -11 - 05 Índice 1,1 / Cuatro días después, el riesgo se fue al otro extremoAhora hay riesgo de formación de posibles trombos.

 

23 - 11- 05 Índice 1,5 / Mejora algo pero no lo suficiente.

 

30 - 11 - 05 Índice 1,4 / A pesar de aumentar la dosis, más de lo mismo.

 

07 - 11 - 05 Índice 1,4 / Esta semana, erre que erre.

 

15 - 11 - 05 Índice ¿¿?? / Sigo la dieta, el plan establecido, las instrucciones... Veremos lo que pasa a pesar de todo ello.

 

Hoy, estoy un poco "flojo". Lo confieso. Ni distraerme con el ordenador y mis cosillas me sirve. Tendré que buscar otro aliciente.

 

Es curioso, porque a pesar de todo, sigo siendo optimista. Intento visualizar en todo momento esa imagen del vaso medio lleno que pocas veces se ve cuando un vaso contiene agua a la mitad de su capacidad. No me sale dedir "está medio vacío". Es más habitual que diga que está "medio lleno". Alguien me dijo una vez que eso hablaba del optimismo de las personas.

 

Es cierto, normalmente intento pensar en lo que ya llevo recorrido con esta historia y no en lo que me pueda quedar para terminar con ella. Intento creer que me queda mucho menos de lo que ya llevo recorrido. Lo malo es que los plazos se cumplen y los objetivos que uno tenía previstos, pasan de largo.

 

Seguiremos informando. Permanezcan atentos a sus pantallas.

 

Adelante y siempre hacia delante... No queda otra...

 

Retomando el timón...

<font size=4>Retomando el timón...

No creo que nadie pueda imaginarse lo que me ha costado retomar este Blog...

 

Entre el escaso tiempo que le he podido dedicar y que que cuando he vuelto, me he encontrado con que han cambiado un montón de cosas, me ha costado Dios y ayuda reiniciar la tarea de contar cosas.

Ahora, despues de horas de intentos y no pocos borradores de prueba, podré en primer lugar a las últimas visitas que han tenido el detalle de dejarse caer por aquí. Además, saludarles que es lo mínimo que debe uno hacer cuando es visitado.

 

Algunas de estas visitas han sido inesperadas, que casi siempre suelen ser las mejores. Eso, sin desmerecer ninguna, por supuesto.

Después de eso, seré yo quien haga unas cuantas visitas si el tiempo ayuda y acompaña y la conexión lo permite. Algo después seré yo el que pase a contar algunas cosillas. Tengo la impresión de que tengo muchas ganas de desahogarme... Hace mucho que no lo hago, y motivos no me faltan.

 

¡¡ A la tarea !!

Salud y saludos para tod@s.

Evolución de mi recuperación

<font size=4>Evolución de mi recuperación</font size>

Se me está preguntando mucho por mi pierna en los últimos días, y siempre es de agradecer tanto interés por vuestra parte. Por eso es que me apetecía volver por este Blog para contar algo sobre el tema. Hasta ahora, ocupado como he estado en construir páginas Web a diestro y siniestro, lo había ido dejando de lado. Pero creo que ya es momento de poneros al día.


 

Ayer por la tarde fui a una reunión para padres del colegio de mis hijas. Tema: Catequesis. El sacerdote que se encargó de conducir la charla dijo una frase que me impresionó:


 

¿De qué sirve ser optimista o desenvolverse en el día a día con optimismo si no se tiene a nadie con quien compartirlo? ¿De qué sirve incluso tener la capacidad de transmitir y contagiar ese optimismo ante las adversidades si no se tiene a quien hacerlo?


 

Puede parecer presuntuoso, pero os juro que creí que me estaba hablando a mí. Pues eso es lo que me pasa aquí. Que tengo la enorme suerte te teneros aquí y de conoceros a muchos de vosotros personalmente. Gracias a Dios, en casa tampoco me falta con quién compartir mi optimismo. Mi santa sabe bastante bien de mi carácter optimista. Su apoyo en todo momento, también contribuye a que mi optimismo funcione.


 

EN CUANTO AL SINTROM…


 

El tema es cómo me va. ¿no? Bueno pues, digamos que hay un poco de todo. A toro pasado, que no quise preocupar a nadie en su momento,  diré que hace tres semanas me llevé un buen susto en el control del Sintrom. El nivel que tanto me costó alcanzar y mantener, se me fue de las manos. De estar entre 2 y 3 puntos… pasó a estar en 5,6. Alto riesgo según me dijeron.

El alma se me fue a los pies. No quise que se notara, pero hubo quien como en el caso del amigo merak, que se dio cuenta de que algo me pasaba. ¡¡Gracias, merak!! Menudo olfato el tuyo, compañero. Ya te lo dije. 


 

Me dieron de plazo 72 horas para volver a nivelarlo. En caso de no conseguirlo, habría que tomar otras medidas. Ingreso hospitalario en otras palabras. Sin problemas. Lo conseguí, bajó a 1,5. Menos de lo que tenía que dar, pero el caso era salir de ese pico de los 5,6.


 

Ayer, nuevo control de Sintrom. Nuevo batacazo. Ahora lo tengo en 1 punto. Los controles vuelven a ser semanales en vez de mensuales. Hay que estrechar el cerco al pajolero este del Sintrom y seguirle de cerca.


 

Me estoy jugando el hecho de que en Febrero no me dejen abandonar la medicación. Es cuando terminaba el plazo de seis meses. Veremos. Si hay que seguirla, pues se sigue y ya está. Tampoco me va a afectar al crecimiento a estas alturas de mi vida. Es que… una vez más tengo que reírme… No puedo evitarlo.


 

El alto riesgo del que me hablaban, incluía hemorragias internas de todo tipo que podían presentarse por sorpresa en cualquier momento.  Prefiero no entrar en detalles porque no es plan. Ahora el riesgo es el contrario. Cualquier coágulo tiene el terreno abonado para darme el susto que se le antoje. No quiero pensar que eso vaya a ser así.


 

Prefiero estar ocupado como lo estoy y no pensar en ello. Si lo hago, creo que ayudaré en buena medida a que eso pase y no me atrae la idea. Por eso era que tenía ya tantas ganas de volver al trabajo.


 

EN CUANTO AL PIE…


 

Llevo una semana más o menos bastante incómodo. El pie me transmite mensajes en Morse recordándome que sigue ahí para darme la lata todavía. Llevo unos días con la sensación de tenerlo “bloqueado”, se me hincha sin venir a cuento. Al menos no hay dolores. Eso lo agradezco.


 

La última semana ha sido de bastante meneo en le curro. Puede que eso haya tenido que ver. El cambio climático constante que tenemos puede que también tenga que ver con ello. No sé…


 

El caso es que yo sigo cuidándome no haciendo ninguna barbaridad. Mi ejercicio diario sigue en pie. Hago mis 12 a 15 kilómetros en la ciclostatic día sí día no, más o menos. A veces hago dos días de ciclostatic seguidos. Según como me encuentre. Unos 50 a 60 klm. semanales. También hago mis sesiones de aquarunning como las llama Plum. De vez en cuando algunos largos cuando me canso de caminar en el agua. Esto lo hago tres días a la semana. Ese es todo mi ejercicio. ¡¡Y qué gozada poder hacerlo!! Eso no es poco. El primer día que empecé a hacer algo de ejercicio, os juro que me sentí otro. Indescriptible.


 

Decidí suprimir en su día, en parte por consejo de Francisco – gracias por todo, Francisco -, y en parte por propia iniciativa lo de saltar a la comba. No me iba bien. Un ejercicio en exceso agresivo para el pie, el tobillo y la pierna en general. Hasta la rodilla se me resentía. Lo dejé. Aún hoy, pasado casi un mes desde que me dieron el alta en la Seguridad Social, sigo sin poder hacerlo. Tampoco lo intento mucho, pero sé que no puedo. La primera y última vez que lo hice, se me puso el pie como una bota a las pocas horas. Así durante un día. Fue un aviso.


 

Atención. que esto no lo había dicho hasta ahora. Tengo el alta de la S.S., pero no el alta hospitalaria. ¿Sorprende esto? Pues así es. Dicho de otra forma, si dependiera de mi traumatólogo, el doctor que me operó, aún estaría de baja. Tal vez lo ideal fuera eso, pero la vida real dicta otras cosas. Psicológicamente, necesitaba trabajar. Y aparte de eso, todos sabemos lo que se puede resentir la economía de un hogar cuando uno tiene que pasar por el trance de una baja prolongada. No me podía permitir más tiempo ese lujo. Han sido seis meses y medio…


 

¿Evolución? A estas alturas puedo hablar de que ya he recuperado bastante masa muscular del gemelo que se había quedado “seco”. Pero eso es todo. Fuerza, sigo sin haberla recuperado. Ya me voy dando cuenta de que eso tardará más en llegar. Tenso la pierna y aparentemente el gemelo se pone duro. Pero eso es todo. Para saltar por ejemplo, no me sirve.


 

Me he inventado un ejercicio que practico de vez en cuando. Hago caminatas prolongadas en las que alternativamente camino a paso ligero durante dos minutos. Lo tengo cronometrado. Me salen unos 140 – 145 pasos por minuto. A continuación camino durante un minuto a paso normal para recuperar. Pasado ese minuto vuelvo a repetir los dos minutos a paso ligero. Así durante media hora. El tono que cogen mis piernas me hace sentirme muy bien. A continuación hago ejercicios varios para fortalecer tanto el tobillo como el gemelo – caminar de puntillas, caminar de talón, etc. -.


 

Y así vamos… Despacito y quiero creer que con buena letra... Soñando con regresar, soñando con los circuitos que haré cuando pueda empezar a rodar… ¿En… Febrero? Quién sabe…


 

Soñando con el Medio Maratón de Fuenlabrada que en 2006 es justo el día de mi Santo. Esa podría ser mi primera carrera. Pero bastante antes de eso ya habría tenido que poder hacer algún 10.000 por lo menos. No sé, esos son mis cálculos. Otra cosa será lo que la realidad ponga en mi camino hasta entonces. Y ya estamos en Diciembre como quien dice… En Febrero se habrían cumplido diez meses desde la operación. Estoy casi seguro de que pretendo demasiado, por eso me gustaría saber la opinión de alguien más autorizado al respecto.


 

Soñando también con participar activamente con el GGM de una vez por todas en alguna competición. Puedo ser el miembro de ese grupo al que le cabe el “honor” de ser el más parado y el más inactivo que tienen. Un lastre, vamos. A ver cuando puedo corregir eso. Les echo de menos una barbaridad. Y eso que sólo salí a rodar con ellos un par de veces en el año que hace que les conozco. Eso, contando con la que me terminé de romper a finales de Diciembre del año pasado.


 

Ahora tengo calculados los 3 kilómetros que distan entre mi casa y mi trabajo. Los medí con el coche. ¿Podré hacerlos algún día? Espero que sí. Podría ser un comienzo.


 

  Quizá podría contar más cosas, pero creo que con lo que ya he contado, me he quedado bastante a gusto. Ahora sólo me queda decir una cosa… ¿La digo yo sólo o me quiere acompañar alguien…?

 

¡¡¡ Siempre adelante ¡!! ¡¡¡ Pepemillas, siempre hacia delante ¡!!

 Que nadie lo dude…


 Un abrazo, amigos. Gracias.

¡¡Ya están aquí las lluvias!! "¡¡Bieeen...!!"

<B><FONT SIZE=5>¡¡Ya están aquí las lluvias!! &quot;¡¡Bieeen...!!&quot;</font></b>


Sí, ya están aquí… Me “alegro” mucho. Me “alegro” una barbaridad. Las consecuencias para mí, no han sido buenas. Es que no puede ser. Se nos olvidan las buenas costumbres de lo que es salir a la calle abrigaditos y con el paraguas en la mano, y se acaba por olvidar lo que son unas escaleras del Metro mojadas.


Ayer, bajando unas escaleras del Metro, mojadas por supuesto, tuve un resbalón que me ha pasado factura. No llegué a caer. Ojalá lo hubiera hecho. Tal vez así no me hubiera hecho el daño que me he hecho. Resbalé, y bajé como tres o cuatro escalones de refilón. Al tiempo que “bajaba” en semejante patinazo, traté de agarrarme a la pared y al pasamanos sin conseguirlo. Cada intento, un nuevo golpazo en el tobillo convaleciente. Cada descenso de escalón, intentando mantener el equilibrio…


Cuando al fin me detuve, ya no quedaban más escalerones que bajar. Me encontraba en el rellano entre dos tramos de escaleras. Me quedé pálido del dolor que sentía. Alguien que en ese momento subía las escaleras y lo vio todo, me comentó: “¡Qué bárbaro! ¡Por lo menos ha conseguido no caer!”. Como he dicho, ojalá lo hubiera hecho. Al menos no me lo torcí – creo -, porque eso hubiera sido peor.


Hoy, el pie está hinchado. Muy hinchado. Los zapatos de vestir que me puse hasta ayer, me sirven de referencia. Hoy no puedo ponérmelos. Ya he tomado antiinflamatorios y algún que otro calmante. Anoche me hicieron mucha falta. De modo que ahora, aquí estoy. Con el pie metidito en remojo con agua y sal. A esperar que mejore de aspecto.


No, las lluvias no han traído nada bueno para mí. Menudo cabreo que tengo…
¿Por qué Dios le dará mocos a quien no tiene pañuelo?

Luces y sombras

<font size=4>Luces y sombras </font>

Luce hoy un día espléndido y brillante en Madrid. Sin embargo, yo me encuentro sombrío y espeso. Él y yo desentonamos hoy. ¿A qué se debe? (Pienso)


(Sigo pensando…)


Ya sé por qué es. Nunca se me ha dado bien deshojar margaritas a la hora de tomar decisiones. Y más cuando lo que decida pueda perjudicar a un tercero. Y en ese brete me encuentro ahora. Debo tomar una decisión en cuestión de horas y no sé qué hacer. 24 horas exactamente es lo que tengo.


Mi victoria ayer sobre el Sintrom, se vio ensombrecida por el consejo de mi traumatólogo y su decisión de no darme el alta hospitalaria en la víspera. Yo le entiendo, pero lo que esto puede significar de cara a mi trabajo, no me hace gracia. Tengo una incertidumbre encima que me bloquea y no me gusta.


Según el traumatólogo, el pie ya está casi complétamente recuperado. Hasta ahí bien. El problema está en que la pierna no, y hay que fortalecerla. Eso puede llevar otras tres o cuatro semanas. Si no lo hago, corro el riesgo de tener un problema serio en caso de dañarme la rodilla por ejemplo, simplemente por subir una escalera o bajarla. No hace falta que me ponga a correr para que suceda. Simplemente haciendo un movimiento brusco, ya puede pasar. Y no son pocas las escaleras que yo tengo que subir y bajar haciendo mis rondas en el trabajo. Ser Vigilante implica mucha actividad física.


El tema que me tiene ensombrecido es ese. Llevo seis meses de baja. Y ahora que no estoy impedido, debo esperar otro mes más. Bueno, yo no, la empresa. Y esto me sabe mal al ver que ya puedo andar sin molestia alguna. Es casi un problema de conciencia el que se me platea. De acuerdo en que si se presenta una emergencia y tengo que correr por algo, me encontraría vendido, pero me sabe mal. Entiendo que el objetivo del traumatólogo sea que yo regrese a mi puesto de trabajo plenamente restablecido, en plenas condiciones, pero… ¡Pero es que son seis meses, caramba! Nunca me han dicho nada, pero es que ya es mucho tiempo y no les tiene que hacer gracia.


Ante ese argumento, el traumatólogo me dice que menos gracia le hará a la empresa que al poco tiempo de haberme reincorporado, tenga que coger una nueva baja por algo que me llevaría más tiempo aún.



Independientemente de lo que él decida él, yo puedo pedir el alta por mi médico de cabecera en la Seguridad Social por mi lado. Eso creo al menos, porque igual me llevo la sorpresa de que ella tampoco me la da. Eso ya me quitaría todo el peso de encima.


En fin, no sé, creo que en medio de todo me ha venido bien escribir todo esto, porque ha sido como repasar todo lo hablado con el médico. Y ahora, de pronto me ha venido una pequeña luz que hace un rato no veía. Creo que ya sé lo que voy a hacer…


Además, no puedo ponerme así por esto. Y menos ahora. Sería injusto conmigo mismo. ¡¡Vamos!! ¿Ahora que estás que te comes el mundo, Pepe? ¡¡SIEMPRE HACIA DELANTE, NARICES…!!

Ella, me ha hablado

<font size=4>Ella, me ha hablado</font>

Ella, siempre me miró altiva y desafiante. Por encima del hombro, Con desdén, a pesar de su evidente falta de estatura. Con aires de suficiencia insultante.


A pesar de eso, hace unos días, me decidí a tocarle levemente en el hombro y tras un leve tanteo, me subí a su chepa sin el menor titubeo. Ella, sorprendida, me miró a la cara y me dijo una verdad que me sorprendió. Fue la sorpresa de mi vida. Jamás me había hablado como lo hizo en ese instante. Me quedé boquiabierto. Ojiplático como se dice ahora. Me bajé asustado.


-“Anda, vuelve a subirte, si no te crees lo que te acabo de decir…” – me dijo desafiante con sus fríos ojos -.


Lejos de hacerlo, me fui cabizbajo de la instancia. Me alejé asustado. El eco de mis pisadas no lograba acallar sus carcajadas…
Tardé en reaccionar. Me fui repitiendo hasta la saciedad a modo de monótona cantinela, lo que ella me acababa de decir.


- ¡No puede ser…! – me repetía a mí mismo sin consuelo -.


Tras unos minutos para recuperarme del susto. Regresé. Empujé la puerta con un dedo. Despacio. Intentando no hacer ruido. A pesar de ello, esta vez no la pille por sorpresa. Me esperaba sonriente. Burlona, se podría decir.


- “Anda, sube…” – me retó -. Sube si te atreves…”


Y vaya que si lo hice. Sólo unos segundos me llevó decidirme. Subí. Y volvió a decirme lo mismo que antes.


- “Pesas 65 kilos 600 gramos.”


No, mi báscula de baño no mentía. Me estaba diciendo que había batido el record de mi vida en lo que a peso se refiere. Jamás he pesado más de 60 ó 61 kilos. 62 ó 63 como mucho en época de vacaciones o descanso. Pero nunca más de eso.


Uno, contra lo que se pueda pensar por mi constitución (mido 1,80), como por dos. Soy de buen yantar y de nada me privo. Me gusta tanto el tocino de un buen cocido, como la grasa de unas buenas chuletas que casi todo el mundo rechaza. Goloso por naturaleza que no le hace ascos a media docena de bocaditos de nata, ni a un buen lote de polvorones en Navidad. Que no desprecio el aceitito de unas buenas sardinas en espeto, ni la de un buen filete de vaca. A nada le hago ascos pensando que “voy a engordar”, porque no engordo por mucho empeño que ponga en la empresa.


Siempre me he permitido cosas que asustarían a cualquiera que vigila su peso con una regla milimetrada en una mano, y una lupa en la otra... Siempre… Y ahora resulta que peso lo que no he pesado en mi vida, ni jamás soñé llegar a pesar.


Lo peor de todo es que no sé cómo lo he hecho. Más que nada, porque me ilusiona mantener ese peso. Sí, sí, no miento. Si algo me ha ilusionado siempre, ha sido alcanzar un peso de unos 70 kilos, que creo que es lo que debería pesar. Más, tal vez no. Pero 70 estarían bien.


Me resigno pensando que esto será pasajero. Que en cuanto regrese a una rutina normal y cotidiana, todo volverá a sus cauces habituales. Pero de momento, aquí estoy, rozando los… ¡¡66 kilos de peso!!


No, mi báscula de baño no miente.


Pepemillas..........¡¡¡SIEMPRE HACIA DELANTE!!!

LOS KLM 5 Y 13 ME CONTEMPLAN...

<FONT SIZE=4>LOS KLM 5 Y 13  ME CONTEMPLAN...</FONT>

Recuerdo que una de las cosas que más me impresionaba al ir al Ambulatorio con mi mujer, en los primeros días en que pude empezar a salir a la calle después de la operación, era ver lo que hay frente al Ambulatorio de mi barrio. ¿Por qué? Porque frente al Ambulatorio de Moratalaz está el Polideportivo del mismo nombre. Y junto a él, separado por una zona ajardinada, está el terrible - al menos para mí -, tramo de asfalto en el que coinciden los kilómetros 5 y 13 del recorrido del Medio Maratón de Moratalaz.


Desde la distancia me contemplaba irónico y me parecía adivinar una sonrisa vengativa en su trazado. Poco antes de pasar por el quirófano, yo había conseguido domar esta fuerte subida en mis entrenos. Ya había conseguido doblegarla y conseguía pasar por allí con algo más de gloria que pena. Pocas semanas antes, en los entrenos para la Media, esta subida se me atragantaba y los términos se invertían: pasaba por allí con más pena que gloria.


Es cierto, en la sinuosidad de su perfil, me parecía ver una sonrisa socarrona de venganza. Parecía decirme: “mira dónde estabas y dónde estás ahora”. A mí, sólo me quedaba hacer una cosa, mirar cabizbajo la escayola que entonces arrastraba y dar la media vuelta con las muletas en ristre. De mis labios sólo salía una palabra: “Volveré”.

Esto se acaba...

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Esto se acaba. No veía el momento de escribir estas tres sencillas palabras. Sí, esto se acaba.


Largo ha sido el camino recorrido hasta ahora. Largo, pesado y tortuoso a veces. ¡Pero sólo a veces! Que con la compañía de los buenos amigos de esta afición, todo ha sido siempre más llevadero.


Ha sido largo, y aún no ha terminado este peregrinaje, pero ya empiezo a vislumbrar el final. Lo palpo casi. A primeros de Octubre es posible que ya me den el alta y para mediados, ya trabajando. Eso necesitará otra terapia, jejeje… Eso sí que va a ser duro. (Espero que no se entere mi jefe)


Estar como he estado y encontrarme como me encuentro hoy, es algo que no me creo ni yo mismo. Me “recetaron” 15 sesiones de fisioterápia para hacer la rehabilitación. Me quedan 8 y los progresos hasta ahora, a base de ultrasonidos, magnetoterapia y ejercicios variados de rotación con el tobillo, no han podido ser mejores. Esta semana me han puesto en movilidad un “Progresa adecuadamente”. ¡¡Bien!!


Ya queda menos… Y después de cinco meses en este estado, todo lo malo ha quedado atrás. Lo que importa es lo que queda por venir. Perdono todo lo pasado por estar como estoy hoy. Una alegría haber tocado fondo, porque cuando se toca fondo, ya sólo puede hacerse una cosa: ir para arriba.


Y ya sabéis lo que dice Pepemillas: ¡¡¡Siempre hacia delante!!!


Un abrazo, compañeros y amigos.

Pepe

Carta a mis amigos atletas

MI PIE, EL CONTROL DEL SINTROM…


La semana pasada fue una semana atípica para mí. Mi prolongada ausencia en el foro se ha debido a motivos casero-personales de esos que no te dejan tiempo para nada. Asuntos familiares y demás. Nada que ver con mi salud, que aunque no va viento en popa, por lo menos va, que no es poco. He vuelto a llenar mi zurrón con nuevas dosis de paciencia para que la llegada del mes de Septiembre sea más llevadera. Apenas me cabreo cuando veo que el tobillo se me hincha un día sí, otro no. Eso ya está superado.


Tenía razón mi médico de cabecera: es un barómetro viviente. Con la ola de calor de la semana pasada se puso imposible. Pero yo lo aguanto todo… Por lo menos, no me dolía. A estas alturas, eso ya es mucho. La verdad, camino mucho mejor cuando no uso la muleta. De vez en cuando lo hago, pero sólo en casa. Para salir a la calle no prescindo de ella ante el temor a posibles torceduras o tropezones con esos adoquines levantados que de vez en cuando te encuentras en el camino. En esas, la muleta me ha ayudado más de una vez a no caer incluso.


El Viernes pasé el control correspondiente del Sintrom. Otro pequeño pasito para delante. Del anterior 1,14 me ha subido a 1,78. Otra vez rondando los 2 puntos. No sé si me han dejado libre por las fechas en que estamos, o porque la cifra a mejorado, pero el caso es que hasta el 30 de Agosto, no tengo que volver para pasar el próximo control. La pauta hasta entonces es de dos días un comprimido entero, y uno de ¾ de comprimido hasta esa fecha. Iba preparado con mi lista de fechas de vacaciones para que me encajaran con el control del Sintrom y no tuve ni que sacarla del bolsillo.


Mañana el médico de cabecera me extenderá el permiso. Definitivamente el día 19 nos vamos la familia enterita de vacaciones. Ya creí que me iba a tener que quedar de Rodríguez… El plan es: Del 19 al 23 de camping a Albacete. Ya está hecha la reserva. La zona del Río Mundo. Se le ocurrió a mi santa. No tenía ni idea de que existía un paraje como ese. Por lo que he visto en Internet, tiene que ser algo para no olvidarlo. Increíble. Dejaré un para de direcciones para que lo veáis.


El 23 regresamos para Madrid. Celebraremos aquí mi cumpleaños el 24, y el 25 iremos para Alicante. Allí estaremos 5 días con la familia de mi mujer, para regresar a Madrid el 29.


Por fin me quitar la espina que me quedó clavada el día 4. Ese día tuve que hacer un viaje relámpago a Alicante para recoger a mis hijas. Pasaron unos días con sus tíos y sus primos en la playa. Fui por la mañana y regresé ese mismo día por la noche. Me tuve que conformar con ver el mar desde la terraza de la casa de mis cuñados. No hubo tiempo para otra cosa. No pude ni acercarme a la orilla… Un suplicio para mí. Lo vi inmenso en su inmensidad y en su inmensidad, inmensamente azul…


Me acordé de aquello de “Desde mi ventana no puedo yo verlo… Desde mi ventana el mar no se ve…” Sólo que en esta ocasión sí que se veía. ¡Y cómo! Y no pude acercarme a presentarle mis saludos… Ya digo, un suplicio… Y para colmo de males, el día era luminoso y brillante a más no poder…



CÁDIZ, BAJO GUÍA, Y ALGUNAS COSAS DE LA TELE


Rafa, Plum, el otro día me acordé nuevamente de vosotros. (Lecter, tú, Rafa… de todos los de aquella zona) Fue inevitable. Vi en la televisión la carrera de caballos en la playa de Sanlucar. Esa carrera que se celebra desde hace 160 años. Otra vez mis viejos recuerdos de la niñez volvieron a revivir en mí. Cuando veía pasar aquellos caballos con todo su tronío a todo galope, levantando arena y espuma de mar bajo sus cascos… Me dejaban alucinado a su paso. Aquellos caballos con su poderío… ¡¡¡Uuuuufffffff…!!!


Cádiz, Bajo Guía, su playa, sus barquitas de pescadores… Su pescaíto frito y su fino de buen paladar… Y su olor mar y brea…


He visto más cosas en la tele estos días. ¿Habéis visto la carrera que hubo hace unos días de los que subieron al Pico Veleta? ¡¡Madre mía!! 50 Kilómetros cuesta arriba que ganó el mismo que la ganó el año pasado en menos de 3 horas (creo). No he visto información de esa carrera por aquí. Veré luego si ha habido algún valiente que estuviera allí y que haya contado algo de esa carrera. ¡Qué bárbaro! ¡50 Klm. cuesta arriba...! “Pa” morirse…


¿Y el Maratón nocturno que se celebró también hace unos días? Ese no recuerdo donde fue. Creo que era por parejas que hacían la mitad corriendo y la mitad en bici por turnos. Eso me pareció entender. Contaban en la tele los que la corrieron, que hubo momentos en que tenían por toda compañía el ruido de sus pisadas, el canto las chicharras y el brillo de las estrellas en la oscuridad más completa de los caminos. Menuda experiencia también esa… ¿No?


Esto me hace pensar en los que no podéis prescindir de seguir haciendo kilómetros y participando en carreras a pesar de estar en las fechas que estamos. Envidia a parte, es que me dejáis desconcertado. Recuerdo que KRISMARAN me comentó que poco después de la carrera de Carabanchel iba a colgar las zapatillas hasta la nueva temporada. Sin embargo, por lo que veo eso no va a ser así. ¿Qué ha pasado con eso, Krisma? Me obligas a preguntaros a unos cuantos: ¿Qué pasa con el descanso que se supone que hay que hacer entre temporada y temporada? ¿O es que ya lo habéis hecho? Porque a lo mejor ya lo habéis hecho y yo desde mi perspectiva no me he dado cuenta… ¿Puede ser? Con el tiempo que llevo de baja creo que he perdido la noción del paso del tiempo y que me he despistado de muchas cosas.


Es curioso, todo esto (lo mío) empezó en el mes de Abril y ahora me parece que Septiembre y lo que queda para que termine el año está a la vuelta de la esquina. Al principio me parecía sentir que el tiempo no pasaba.


También he visto los Mundiales de Atletismo de Helsinki. ¿Visteis la forma de llegar del japonés que ganó la prueba del Maratón? Ahora resulta que saben hacer algo más que construir robots, diseñar micro minichips y hacer fotos. Parecía que no fuera con él la carrera y que acabara de salir sólo un rato antes.


Qué pena que los españoles no hayan conseguido algo más. No tenemos más remedio que recordar en estos casos a los Martín Fiz, Abel Antón y compañía… ¿No es verdad? Hasta que lleguen tiempos mejores, al menos. Que seguro que llegarán. Además, muchas cosas deben mejorar en el atletismo de élite. Y no todas son a nivel de pista sino de despachos y de los responsables que los habitan.



Besos y abrazos.


Pepe.

Hoy quiero leer

Hoy quiero leer,
Con ojos ávidos,
Tus versos ingrávidos
Y tus rimas por doquier.


Hoy quiero leer,
Tus versos soñadores,
Siempre turbadores,
Caricias de oropel.


Hoy leer quiero,
Inundarme de tus palabras,
Sentir que me abrazan,
Y me envuelven sin remedio.


Hoy leer quiero,
A la brisa que te envuelve
Y que siempre resuelve
Traerme tus recuerdos.


Hoy quiero leer,
Para recordar
Para no olvidar
Tu sonrisa de ayer.


Hoy quiero leer,
Para poder vivir,
Sin sentir
Tus miradas otra vez.


Hoy leer quiero,
Los susurros del viento.
Dialogar con mi tormento.
Apagar este dolor fiero.


Hoy quiero leer,
Verso a verso,
Todo tu universo
De maravillas a granel.


Hoy leer quiero,
Para amarrar mis penas
Y sentir en mis venas
La luz de tu lucero.


Hoy quiero leer,
Tus versos encendidos,
Tus brazos extendidos,
Acogiéndome otra vez.


Hoy quiero leer,
Este verso que dice…
¡Tonto, claro que te quiero!
¡Ven conmigo! ¡Abrázame!
¡Ven…!


¡Tonto de mí!
¡Ese no lo había leido!
¡Voy cariño, espérame!



José Carlos Ojeda 2004

Mi tío Pepe o el origen de una afición

Mi tío Pepe o el origen de una afición

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Afortunadamente para ellos, el destino quiso que el buque de mi tío pasara por allí, subiéndolos a bordo. No sé tampoco en que número, pero tal vez eso sea lo de menos. Lo de más, como tantas veces, fue el gesto. El gesto noble y valiente de un Oficial de la Armada, mi tío Pepe. Salvó la vida de muchos hombres que de otro modo habrían tenido una muerte segura.


Aquel hecho le valió ser condecorado hasta por los propios alemanes, en otro gesto de reconocimiento y gratitud.


Seguramente mi tío atesoró otras muchas buenas acciones que jalonaron un magnifico historial que le valió para llegar a ser Almirante.


Las buenas cualidades humanas que recuerdo de él me bastan para creer que las profesionales no lo fueron menos. Sin duda estuvieron al mismo nivel.


Recuerdo que si oía hablar de aquello, era porque en una u otra ocasión lo mencionaban mi tía Agustina o mis primos, sus hijos, o mi propio padre. A mi tío Pepe, nunca le oí mencionar una palabra de ello. No se vanagloriaba de ello.


Las voces de los demás, las condecoraciones que alguna vez tuve en mis propias manos, y el Certificado colgado en la pared, eran los que hablaban de lo que mi tío Pepe hizo una vez. Tengo incluso una idea muy vaga de que algunos de aquellos tripulantes escribía a mi tío ya pasados los años de aquello. Tal vez todos los años por Navidad, pero no lo sé muy seguro.
Años después, mi tío pasó al retiro forzoso por culpa de la diabetes que lo dejó sin vista. Así es como yo le conocí y como le recuerdo con sus gafas negras de gruesa montura de pasta. Pero si sé que mi Tío Pepe era bueno, aquella minusvalía creo que debió de hacerle tener un corazón todavía más grande.


Nunca debió de imaginar mi Tío que algún día a mi me daría por hablar de él cómo lo estoy haciendo. Y tampoco puedo imaginar lo orgulloso que estaría yo de haberle tenido a mi lado, y por tantas cosas como recuerdo de él. Por aquellas sus rodillas que siempre me acogieron con cariño. Ya sabéis, el mismo cariño que un abuelo le daría a sus nietos.


Vuelvo a decir que no recuerdo de él ni un solo mal gesto. Ni un momento de mal humor a pesar de su ceguera. Nunca lo tuvo. Y si lo tuvo, buen cuidado puso en que no lo percibiera. Un ejemplo, tal vez uno más de las muchas cosas que agradecerle.


De modo que, si no es por su causa el origen de mi gusto por lo marinero, al menos sí es el recuerdo más lejano que conservo de mi relación con el mar.


Bueno, aunque al final he enredado la madeja, como siempre que me pongo a escribir, por fin he conseguido terminar como había empezado. Explorando el origen de mi afición por la mar.


Tal vez, haya tenido visos de ser una autobiografía, pero no pretendía que fuera eso. Esos recuerdos tan lejanos, que afloran por sí solos sin que los llames, siempre es bueno aprovecharlos. Siempre es bonito tenerlos presentes.


No quiero dejar de mencionar que tengo que un primo - hijo de mis tíos Pepe y Agustina -, que sí supo seguir en su momento la llamada de esa vocación. A día de hoy, mi primo Miguel Ángel, es Capitán de Navío. Como se suele decir, de tal palo, tal astilla.


Supongo que si no ha navegado ya, después de tantos años, por los siete mares, pocos deben ser ya los que le queden por surcar.


Ahora, para despedirme, quisiera hacerlo con unas palabras de Rafael Alberti que lo dicen todo para mí:


“Sobre el corazón, un ancla,
y sobre el ancla, una estrella,
y sobre la estrella, el viento,
y sobre el viento, una vela.”
- Rafael Alberti -


Madrid, 20 de Agosto de 2002
José Carlos Ojeda

Mi tío Pepe o el origen de una afición

Mi tío Pepe o el origen de una afición

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El otro recuerdo al que me refería, era la costumbre que tenía de darme una moneda de cinco pesetas para ir a montar en los caballitos de la Plaza. ¿O quizá fuera un Paseo? En cualquier caso, estaba cerca del Paseo marítimo. Desde allí veía pasar a menudo un tren que echaba un espeso humo por su chimenea. Un humo a veces blanco como las nubes, y a veces negro como el azabache.


¿Lo veis? Me ha vuelto ha ocurrir. Hablando de una cosa surge otra. Ahora me ha venido a la memoria otro recuerdo. El recuerdo de un peligroso juego con el que mis amigos y yo aprovechábamos el paso de aquel tren. No se nos ocurría otra cosa mejor que poner monedas de una peseta o céntimos en la vía para ver cual era la que quedaba más deformada al paso de las ruedas de aquel tren.


Muy peligroso el jueguecito, ¿no os parece? ¡Qué inconsciencia! Gracias a Dios, nunca nos ocurrió nada ni a mis amigos ni a mí. Solo nos preocupaba la moneda más aplastada, que al final sería la que daría la victoria a su propietario.


¡Dios! ¡Que locura! Me recorre un escalofrío sólo pensarlo ahora... Pero volviendo a lo de las cinco pesetas, eso quizá sea algo que de cara a quienes sean más jóvenes que yo, les haga gracia. ¡Cinco pesetas para montar a los caballitos! ¡Imposible! ¿Pero de que eran los caballitos? ¿De cartón? Pues no. Eran unos bonitos caballos de madera, adornados de bonitos y llamativos colores que había en un tiovivo. Un tiovivo de los de toda la vida. De los que hoy siguen volviendo locos a los niños como mi hija Miriam de tres añitos o a mi hija Ana Isabel de diez, que aunque ya prefiere emociones más fuertes como puedan ser las montañas rusas, no le hace ascos a montarse en un tiovivo con su hermana si se le presenta la oportunidad.


Sigo hablando de las cinco pesetas. Tal vez les haga gracia a los que sean más jóvenes que yo, saber que no era la moneda de cinco pesetas que ellos han conocido. Sin embargo, a los que como yo pasen de los cuarenta, se les encenderá una chispita de nostalgia al recordar aquella moneda grandota de cinco pesetas. Una moneda que era tan grande o más que la que años después fuera la moneda de cincuenta pesetas.


Amigos, es que entonces cinco pesetas, eran cinco pesetas. ¿Alguien se puede imaginar que la peseta estuvo una vez, a la par del dólar? Pues sí. Una peseta, un dólar. ¡No, eso yo no lo he conocido! Pero lo sé.


Aquellas cinco pesetas daban para mucho, y no siempre me las gastaba en los caballitos. Otras veces me daba por comprar unos cucuruchos de bígaros en las puertas de la calle. Los comía con verdadera fruición con la ayuda de un alfiler. ¡Estaban buenísimos! ¡Os lo puedo asegurar! Raro vicio el mío, ¿no? Ahora, los niños compran “chuches” y golosinas... ¡Pero a mí me encantaban los bígaros!


Sin embargo, había también unos juguetes que a mí me chiflaban. Eran unos desmontables de plástico que se vendían en sobres cerrados de papel, y que yo coleccionaba. ¿Adivináis que clase de juguetes eran? ¿Coches? No. ¿Aviones? No. ¿Soldaditos? No, tampoco eran soldaditos. ¡Eran barcos!


Llegué a tener una flota entera de ellos. Barcos y submarinos. Con ellos jugaba después en todas partes. En la playa, en las fuentes, en los charcos, y hasta en la propia bañera de casa.


Esta afición me persiguió durante años, porque recuerdo que con unos pocos años más, unos diez, ya aquí en Madrid, mi abuela materna me llenaba un barreño de plástico con agua. En la mesa de la cocina, mientras ella hacía sus galletas en el horno – era una estupenda e infatigable repostera, dicho sea de paso -, con el sonido de las radionovelas de Matilde Vilariño de fondo, yo me montaba mis aventuras marinas y submarinas. Barcos, submarinos y algún que otro Madelman de los que hoy pretenden resucitar, eran los protagonistas de aquellas aventuras.


Pido disculpas de nuevo, porque de nuevo he vuelto a derrapar. He vuelto a irme por los Cerros de Úbeda. Vuelvo a mi tío Pepe que es lo que me ha traído aquí. Si bien no recuerdo las historias que me contaba, como ya he dicho, hay un episodio de su vida que sí recuerdo con bastante claridad. Y es un episodio cierto, no una de las tantas historias que me contaba. Historias que tal vez hablaban de serpientes marinas de siete cabezas.


No, esto que voy a contar fue un hecho cierto. Y prueba de ello, era el correspondiente certificado enmarcado y colgado en una pared de casa, que daba fe del mismo.


Siendo Oficial de la Armada –lo siento, no recuerdo en que grado- y estando al mando de un buque. Tampoco sé a ciencia cierta de qué tipo, si fragata, navío o cual pudo ser, el caso es que en plena Segunda Guerra Mundial, un buque alemán había sido torpedeado y hundido por las Fuerzas Navales Aliadas. Un buen número de marinos alemanes quedaron a la deriva en altamar.

Mi tio Pepe o el origen de una afición

Mi tio Pepe o el origen de una afición

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Si no me creéis, os puedo decir que bastó con el intento que hizo de bajar por la fachada de casa por un canalón de uralita, creo que desde un tercer piso. Ni que decir tiene, que el canalón no aguantó el peso y se hizo añicos. El borde afilado de los fragmentos y la caída en sí desde esa altura, propiciaron que con el tiempo luciera en su cuerpo más cicatrices que un torero.


Cómo por edad yo no viví aquel episodio, porque mi hermano me llevaba once años de diferencia, no se puede decir que aquello me sirviera de ejemplo. O sea que fui autodidacta. Mi hermana si que lo vivió de cerca. Ese, y otros episodios como ese. Sin embargo yo, era apenas un bebé o poco más que eso.


¿Alguien quiere que cuente una de mi hermano? Lo siento, pero no me resisto a no hacerlo. Esto también lo sé de oídas porque no lo viví, pero lo contaré igual.


Un buen día, se presentó en casa una madre con su hijo de la mano. Hasta aquí todo bien ¿no? Sí, todo bien de no ser porque el niño iba perfectamente pintado con brocha gorda con pintura negra. Todo él. Desde el pelo hasta la punta de los pies. Todo. Pelo, piel, ropa, zapatos... No sé bien qué dijo mi madre cuando abrió la puerta y vio aquello. No sé si dijo: ¿Qué es esto? O ¿Pero qué ha pasado? O si echándose las manos a la cabeza pegó un grito. En cualquier caso no tardó en imaginarse, eso seguro, que mi hermano tenía algo que ver con lo que había pasado.


“¡Mira lo que ha hecho tu hijo!” -, dijo la madre del niño confirmando tal vez las sospechas de la mía. Sí, tal vez antes de oír esto, mi madre imaginó que mi hermano tenía algo que ver en todo aquello.


Cuando le echó el guante y le pidió explicaciones sobre lo que había hecho, mi hermano fue rotundo: “Es que estaba jugando a los angelitos negros”.


Y era verdad. “No hizo” nada malo. Se limitó a llevar a la práctica la canción de Antonio Machín, que en aquella época debió de tener mucho éxito. La canción no era otra que “Angelitos Negros”.


Un “angelito” también mi hermano que en paz descanse, como se puede ver. Pero bueno, basta ya. Cualquiera podría pensar a estas alturas que esto no es otra cosa que una autobiografía, y de verdad que no era esa mi intención. Lo que hasta aquí habéis leído, ha surgido por sí solo como una sucesión de hechos encadenados. Por lo tanto, humildemente pido disculpas por no haber sabido resistirme a ir saltando de una cosa a otra.
De lo que yo quería hablar es de mi tío Pepe. El tío que hoy, es cuando me doy cuenta de que me marcó más de lo que yo pensaba.


Mi tío Pepe, casado con mi tía Agustina, hermana de mi padre, era Marino profesional. Un auténtico lobo de mar y orgullo de la Armada española, como persona y como profesional. Un tío, que como ya he dicho tenía más vocación de abuelo que de tío, sobre todo por el modo de cobijarme en sus rodillas y contarme bonitas historias del mar. Y bien que lamento a día de hoy no recordar textualmente ninguna de ellas. Era muy pequeño. Pero estoy seguro de que muchas de ellas subyacen muy en mi interior, y que seguramente también son la base de las historias que de vez en cuando se me ocurren y con las que me sorprendo a mí mismo.


Por entonces, yo no era un niño muy apegado a la televisión. Al menos no lo recuerdo. Creo que prefería las rodillas de mi tío Pepe, las recias pero cariñosas manos con las que me sujetaba, las bromas que siempre me gastaba y las historias que me contaba. Me quedaba literalmente embobado escuchándole.


Tengo que volver a lamentarlo: ¡¡Cuánto siento no recordar aquellas historias que me contaba mi tío Pepe!!. Adornadas siempre con aquella su voz profunda, me cautivaban hasta lo indecible. Aquello era una buena forma de tenerme alejado de toda gamberrada posible. En esos momentos, yo no quería hacer otra cosa que escucharle.


¡Mi tío Pepe! Un hombre bueno, un hombre integro donde los haya, del que no recuerdo un solo enfado ni nada que no fuera una palabra amable para con todo el mundo.


Tenía una costumbre conmigo aparte de aquella de contarme historias. Bueno, realmente tenía dos, que sin esforzarme lo más mínimo, acuden a mi memoria. Y es que hay cosas que se quedan marcadas para toda la vida. Y las bromas que me gastaba jugando con su dentadura postiza y haciendo muecas imposibles, tal vez con más intención de hacerme reír, más que de asustarme, eran memorables. Entrañables, diría yo.


Si asustarme era lo que pretendía, nunca lo consiguió. Yo sólo sabía reírme con aquello. Me reía hasta dolerme las tripas. Yo no debía de tener mucha conciencia de lo que podía ser una dentadura postiza y tal vez por eso no lo veía en él como algo que pudiera asustar. Nunca se cansaba de hacerlo conmigo. Bastaba que le dijera: “Tío Pepe, haz eso, ponte feo”, y él ya sabía a que me refería. Se sacaba la dentadura postiza y hacía mil y una muecas inimaginables.


Era él regordete, de cara amable y poseía una considerable papada. Aquello le permitía una plasticidad de gestos inagotables. Yo, me moría de la risa y entonces él, para rematar la faena, me atenazaba con sus fuertes brazos, y con sus robustas manos me cosía a cosquillas. Yo, ni tenía escapatoria ni quería escapar.