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Pepemillas La Locomotora de Moratalaz

Mi tío Pepe o el origen de una afición

Mi tío Pepe o el origen de una afición

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De acuerdo, vais a saber de otra. Un día por ejemplo, me metí en un agujero de la nariz la cuenta de un collar de alguna de mis primas. Estaba por ahí suelta dando vueltas y había que hacer algo con ella. ¡Y no se me ocurrió otra cosa mejor! No sé si la empujé más de lo debido, la aspiré o que narices pude hacer - nunca mejor dicho -, pero el caso es que se me introdujo tanto, que no pude volver a sacarla. ¿Solución? Llevarme deprisa y corriendo a un médico de urgencias para que me la extrajera con unas pinzas. ¡Que rico! ¡Pero que rico era aquel niño!


No sé si siempre me llevaban al mismo sitio, pero si era así, estoy seguro de que los médicos debieron llegar a hacer apuestas entre ellos sobre la nueva ocurrencia que me iba a poner de nuevo en sus manos.


¿Qué si hay más? ¡Por supuesto que hay más! Una de ellas se puede calificar de normal, porque ¿qué niño de la edad que yo tenía – vuelvo a recordar que eran unos siete años -, no se ha roto alguna vez una ceja jugando al fútbol? Eso fue lo que me pasó a mí. Me partí una ceja tropezando y dándole un cabezazo a una de las robustas columnas de granito que hacían guardia en el patio de aquella casa de dos alturas. Un patio de luz y plantas en grandes maceteros de piedra. Algunas de ellas, enormes palmeras que regalaban su sombra en el cálido verano. Un patio, en el que también hice mis pinitos como torero con algún otro amigo que venía a casa, y con el que me turnaba en el uso del capote y el estoque - que no eran otra cosa que un pedazo de tela y el palo de una escoba -, y en hacer de toro. Un patio en el que jugaba con un camaleón del que no recuerdo que terminó siendo. Un patio del que si me pongo a recordar cosas, tampoco terminaría nunca.


Si la herida del corte de la navaja de afeitar sangró en abundancia, la de la ceja, ya fue un escándalo. Esas heridas, por pequeñas que sean, siempre sangran mucho. ¿Adivináis el resto? Exacto. ¡Corriendo a la casa de socorro a que me dieran unos puntos! No, desde luego, conmigo no se aburrían en casa.


Tranquilos, creo que ya solo me queda un par de aventuras más que contar, a menos que por el camino de los recuerdos acuda alguna otra. Si lo de la ceja decía que se puede calificar de normal, lo siguiente que voy a contar ya no se puede calificar de igual forma. Durante un tiempo estuve enfermo. Creo recordar que de sarampión. Parte del tratamiento que me pusieron, requería la toma de cierto medicamento amarillo y espeso. Lo recuerdo muy bien. No así el nombre, pero sé cómo era y… cómo sabía. Y precisamente esto fue lo que me llevó a hacer otra de las mías. Tenía un delicioso sabor dulzón a vainilla. Estaba buenísimo. No tardé en echarle el ojo, y en cierta ocasión que se quedó encima de la mesilla de noche, a mi vera, di buena cuenta de él.


Poquito a poco al principio, cucharadita a cucharadita para que no se notara, pero al final sin parar. Bueno, si que paré, pero no recuerdo si llegué a consumir el frasco entero. Si no fue así, debió de faltar muy poco.
Lo siguiente, fue despertarme en una habitación y en una cama que no eran las mías. ¿Dónde estaba? ¡Eso es! Lo habéis adivinado. Estaba en algún lugar de urgencias. Acababan de hacerme un lavado de estómago. Una intoxicación de caballo me había llevado hasta allí. ¡Que bárbaro! recuerdo todo esto ahora, desde la perspectiva que dan los años y compadezco a los que tuvieron que sobrellevar mis gamberradas casi diarias.


Unos años más tarde, leyendo las aventuras de Daniel el travieso, recuerdo que pensaba que aquello no era nada comparado con lo mío. Es más, en cierto modo, hasta me sentía solidario con Daniel.


Por cierto, a riesgo de ser pesado, ¿sabéis lo que hice en unos carnavales? Unos carnavales en que me disfracé de Baco, el dios del vino. ¿No? Os cuento. Iba yo muy bien compuesto con mi túnica - una sabana -, mi corona de hojas de parra, mis sandalias, y... mi correspondiente racimo de uvas. Un racimo de deliciosas uvas que no debía pesar menos de un kilo. Tal vez algo más.


Como es natural, yo había empezado a probarlas ya antes de salir de casa, pero el picoteo siguió después. Al principio las tomaba estratégicamente para que no se notara, pero llegó un momento en que no había forma de disimular nada. Me decían: “Para, para, deja de comer uvas que te vas a poner malo...”. Pero yo no hacía el menor caso; yo a lo mío, que para eso eran las uvas, para comérselas.


Así que seguí, seguí, seguí... Lo cierto es que por lo menos dio tiempo de hacer unas fotos, que todavía hoy conservo, en las que aún podía verse el racimo de uvas.


Seguí y seguí picoteando uvas hasta terminar con el racimo entero. La cosa no fue muy grave, pero el empacho que pillé me hizo comprender a qué se referían cuando me advertían que me podía poner malo.


Como se puede comprobar, era lo que se decía todo un “angelito”. Puedo dar gracias a Dios de que mi cuerpo no conserva demasiadas marcas de todas aquellas aventuras. Tal vez llegué a ostentar algún record, pero ese no era el de las marcas en el cuerpo. Ese pertenecía por derecho propio a mi hermano Luis, que en paz descanse.

Mi tío Pepe, o el origen de una afición

Mi tío Pepe, o el origen de una afición

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Resulta que siendo muy pequeño, teniendo apenas seis o siete años, yo viví en Cádiz. Más concretamente en un pueblecito costero de pescadores llamado Sanlúcar de Barrameda. ¡Cuántos son los recuerdos que acuden a mí con solo escribir su nombre! Los paseos por la playa, las carreras de caballos que se celebraban y se siguen celebrando en verano en sus orillas. Incluso el sabor y el olor del pescadito frito – “pescaíto frito” para los lugareños” -, que con la familia iba a comer a Bajo Guía, todavía llega hasta mí. Cierro los ojos, me recreo en ello, y percibo hasta el olor de la fritura con total nitidez. Pero aún cuando todo esto pudiera bastar, no es suficiente. Hay más. Y aquí es, dónde viene lo bueno. La familia con la que yo viví en Sanlúcar de Barrameda, eran unos tíos míos por parte de mi padre. Pero de quien quiero hablar ahora, es de mi tío Pepe. Un tío al que recuerdo con el cariño con el que se puede recordar a un abuelo al que has adorado. Y esto es fácil de entender si digo que era un tío con más vocación de abuelo que de tío. La paciencia y el cariño que gastó conmigo son de los que no tienen medida.


Ahora miro mi mano izquierda, y la huella con que está marcado el dedo anular me trae otro recuerdo. Esa marca la llevo desde entonces, y la llevaré para siempre. Haciendo caso omiso del peligro que entrañaba el ponerse a jugar con las navajas de afeitar de mi tío Pepe y que usaba el barbero que a diario pasaba por casa para afeitarle, me hice un profundo corte en un nudillo. Recuerdo que me callé como un muerto y no dije nada a nadie. Y es que muerto de miedo estaba. No hice nada para cortarme como no fuera el no hacer caso cuando me decían lo que no debía tocar. Se podría decir que el endiablado filo de aquella navaja, me corto por sí solo. ¡Y vaya que si me cortó!


El corte era bastante feo, profundo y sangraba abundantemente. Me las arreglé para contener la hemorragia echando mano de algodones y vendas, pero aquello no dejaba de sangrar. Yo cada vez con más miedo en el cuerpo que siete viejas y con una buena rebanada de algo que más que piel de mi dedo, que no estaba donde tenia que estar.


La sangre por su solo color, ya escandaliza, pero cuando su abundancia sobrepasa ciertos limites, ya te hace pensar y darte cuenta que hay que hacer algo más. Y no digamos ya a los ojos de un niño como yo era. Nunca se me olvidará la cara de mi tía Agustina - hermana de mi padre -, cuando acudí a ella con semejante papeleta. ¡Pobrecita, había vuelto a hacer una de las mías! En realidad, una de tantas, porque si me pusiera a hacer una lista, no acabaría.


Ahora recuerdo algunos de aquellos episodios y no puedo evitar sonreír con algo de nostalgia. Pero sonrió, no por pensar que en su momento aquellas barrabasadas hicieran gracia a quienes tuvieron que soportarlas, sino por el toque especial que les da el recordarlas con el paso de los años recordarlas. Es como retrotraerse a aquellos tiempos. ¡Y es que veo tan claras algunas cosas ahora mismo! Me parece estar allí en este momento y con aquellos años. Pero visto todo desde los ojos de un adulto que fuera testigo de las travesuras de un niño que no sabía estarse quieto.


¡Sí señor! Fueron muchas las barrabasadas que yo cometí aquellos años. Creo que en algún momento debí de ostentar un bonito récord en algún lugar. Entonces no existía el Guiness de los récords, pero si hubiera existido, sin duda yo habría figurado en sus páginas.


Aunque sólo sea de pasada, y sin entrar en detalles - mentira, me conozco y sé que terminaré metiéndome en harina como siempre -, diré unas pocas para que los que las lean se hagan una idea. No puedo resistirme a no hacerlo.


Yo fui capaz de las cosas más extrañas. Por ejemplo, estuve una vez a punto de ahogarme en la playa sin ni siquiera estar bañándome. Ni entonces ni ahora soy consciente de cómo pude hacerlo ni de cómo ocurrió, pero el caso es que me ocurrió. Sólo sé que estaba de pie en la orilla viendo como la espuma cansina lamía mis pies. Pies que eran cubiertos poco a poco por la arena empujada con el vaivén de las olas. El cosquilleo de la arena era placentero.


Cada vez más. Cada vez la arena llegaba más y más arriba. Me fue cubriendo los tobillos, después las pantorrillas... Y no me preguntéis que más pasó porque eso es lo penúltimo que siempre he recordado. ¡Fue el colmo! ¡Estuve a punto de ahogarme sin ni siquiera meterme en el agua! ¡En la misma orilla de la playa! ¡Que vergüenza! Supongo que en algún momento me debí de sentar porque de otra forma no me lo explico.


Tras lo que me pareció un instante, me vi tendido en la arena, bocarriba, rodeado de un montón de gente que me miraba inquieta. Yo, vomitando borbotones de agua salada. Alguien me estaba haciendo el boca a boca.
Me costó darme cuenta al principio de que el protagonista de todo aquello, era yo. ¡Pero vaya susto que me llevé cuando lo supe!


¿Otra travesura? ¿Queréis que os cuente otra? Porque… ¡hay más!



CONTINUARÁ...



Pepemillas

¡¡Cambiando el chip que es gerundio!!

¡¡Cambiando el chip que es gerundio!!

Esto que voy a hacer no es fruto de la inconstancia, es fruto de la necesidad. Yo ahora mismo necesito no continuar con esta serie de “partes de guerra”… Creo que no me viene bien recrearme en esto ahora.
Lo que necesito es algo bien diferente. La necesidad obliga. Y lo que yo necesito ahora, es cambiar el chip.


Hoy me atrevo a comenzar a publicar aquí un relato al que le tengo un especial cariño. Es de corte muy personal e intimista y tal vez sirva para conocer un poco más de mí. Conoceréis una faceta mía de la que no he hablado nunca hasta ahora, y que se refiere a mi pasión por el mar. Y no lo he hecho por nada especial, sino porque nunca ha venido a cuento.


No está escrito ahora, Lecter. Lo escribí hace tres años. Llegué a publicarlo en otro lugar, como lo voy a hacer ahora aquí. La diferencia está en que entonces lo fui publicando por partes y escribiéndolo sobre la marcha, y ahora lo tengo escrito, terminado y guardado.


También aquí lo voy a hacer así. Por partes y poco a poco. Tampoco es cosa de que se atragante nadie.


Entonces, los que lo leyeron no me dieron tregua. A medida que leían, iban pidiendo más. Conseguí cumplir con lo prometido. Lo escribí como hago yo estas cosas, con mucho cariño. No me costó trabajo. Me salió solo. Ahora, deseo las dos cosas: dároslo a conocer, y ojalá que también os guste. Y no me costó trabajo porque llevaba semanas “escribiéndolo” en mi cabeza”, dándole forma, recopilando recuerdos y ordenándolos.


¡Va por vosotr@s! Mis amig@s del foro de los Novatos. Mis amig@s deportiv@s de carreraspopulares.com. y de mi querido grupo de entrenamiento, el gran GGM, el Gran Grupo de Moratalaz al que tanto echo de menos. A vosotr@s os lo brindo con todo mi corazón. Igual que entonces lo hice con otr@s muy buen@s amig@s que tengo en otro lugar.


Para vosotr@s.


Pepemillas

Mi tío Pepe, o el origen de una afición

Mi tío Pepe, o el origen de una afición

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Digamos que hablar a estas alturas de lo que me gusta todo cuanto trate de los astros, el cielo en la noche, la noche en sí misma, la luna en todas sus combinaciones habidas y por haber; así como todo cuanto tenga sabor marinero, sería algo harto conocido por unos cuantos amigos. Pero no, en esta ocasión vengo a contar algo que incluso ellos ignoran.


Muchas han sido las veces en que me he preguntado de dónde me viene a mí la pasión que tengo por el mar. Porque sin duda, es pasión. Pasión debe ser lo que se siente cuando se le cae a uno la baba por algo. Y la baba es lo que a mi se me cae cuando contemplo la silueta de un velero por ejemplo. Recreo mi vista en todos y cada uno de sus mástiles, en cada una de sus velas hinchadas al viento, me embelesa ver la cresta plateada del mar partido en dos por la proa, y las olas más bravías que se rinden al paso de la quilla de un buque con aires de no detenerse ante nada.


Pido perdón por el símil pero también se me cae la baba al sentir en mi rostro el ímpetu de la brisa que silba al sortear los mástiles. Y qué no decir cuando siento crujir bajo mis pies, el maderamen de la cubierta. O cuando percibo en mis labios el sabor salino del agua del mar que se desgrana al embestir los costados de la embarcación. Todo esto siento al contemplar la imagen de un velero. Sea en vivo, en fotografía, en pintura o en una figura de metal forjado. Todo en esta vida tiene un por qué y días atrás, me dio por pensar desde cuando me viene esto. ¿De que me viene a mí esta pasión? Soy de secano, de interior. Pero por alguna parte tiene que estar el origen de todo esto.


Puede ser que suene irreverente, pero es para pensar si no será que en una vida anterior tal vez haya sido uno de esos marinos intrépidos que hace siglos partían del puerto en un vetusto velero. Que partían en pos de una aventura y siempre con la incertidumbre de si volverían a casa o a pisar tierra firme, allá donde les llevaran los vientos, esos vientos siempre inciertos e imprevisibles.


¿O seré simplemente un navegante frustrado? Alguien que debió hacer más caso a la llamada de una vocación que no supo escuchar atentamente. ¿Será eso lo que soy? Tal vez. ¿Quién lo sabe?. El caso es que, como digo, hace poco me dio por buscar el origen de esto y no me ha costado encontrarlo. Hay un origen que se me antoja claro y meridiano. Puesto a bucear en los recuerdos, he llegado a mi más tierna infancia.


Paso a contaros...



Pepemillas.

Partes de guerra de mi lesión.

Partes de guerra de mi lesión.

PARTE Nº3


SEMANA DEL 27 DE JUNIO AL 03 DE JULIO DE 2005
SEMANA 11 DE BAJA DESDE LA OPERACIÓN.


Del Lunes 27 de Junio al Viernes 01 de Junio.


Los días que completaron mi semanita con todos los gastos pagados en el Hospital, como yo la llamé en su momento. Una forma de darle un toque de humor a una situación que era totalmente nueva para mí y que no me terminaba de creer. Cuando me dijeron que tenía que quedarme ingresado, sentí que el mundo bajo mi pie sano desparecía por completo. “¿Pero qué es esto? ¿Que me tengo que quedar?” – dije, rebelde de mí -. “Si, te vas a tener que quedar aquí por unos días en observación porque te hemos detectado un trombo en el pulmón que hay que tratar en total reposo y con una medicación específica. No te asustes, lo hemos cogido a tiempo y habrá que eliminarlo y hacerte algunas pruebas para seguir su evolución.” – me dijo un enfermero. Así que, obediente de mí porque no me quedaba otra, me quedé ingresado y en seguida me trajeron mi primera cena de Hospital.


Lo primero que me hicieron fue ponerme oxígeno y extraerme una muestra de sangre, dejándome una vía puesta en el brazo, por la que luego me administrarían suero y los calmantes correspondientes.


Después de pasar todo el día haciéndome todo tipo de pruebas, desde análisis hasta radiografías, electrocardiogramas, una pasadita por el escáner, y más y más análisis, aquello ya era sólo un paso más de lo que me quedaba por pasar esa semana.
No puedo evitar acordarme de una extraña sensación de culpabilidad que me invadió en esas horas. Los trastornos que está causando en casa esta lesión ya tan prolongada y con tantos sobresaltos, no lo vi como algo justo para los que me rodean. Me hundí un poco y si no le pedí perdón a mi mujer unas veinte veces, no lo hice ninguna. Supongo que eso es natural. “¡Y ahora esto…!” – pensaba para mí.


La reacción de mi mujer cada vez que se lo decía era muy rotunda: colleja al canto. Un buen pescozón que me quitaba de forma inmediata por un rato esos pensamientos de culpabilidad. Pero es que pensar en cómo alteraba esto al ritmo de vida en casa, era algo que me dejaba muy mal cuerpo.


Y nada… a pasar mi primera noche de Hospital… A esas alturas y con los calmantes que ya llevaba en el cuerpo, la molestia del costado apenas era apreciable. Dormí como un bendito. ¡Y con ganas! La sensación de cansancio sí que seguía presente. A lo largo de la noche vinieron varias veces para tomarme la tensión y administrarme los antiinflamatorios o analgésicos. Esto era más o menos la rutina de cada noche. A lo largo del día igual. No me levantaba de la cama nada más que cuando venían a cambiarme las sábanas.


(Continuará…)

Partes de guerra de mi lesión

Partes de guerra de mi lesión

PARTE Nº2


SEMANA DEL 20 AL 26 DE JUNIO DE 2005
SEMANA 10 DE BAJA DESDE LA OPERACIÓN.


Lunes 20 de Junio.


Nada destacable.


Del Martes 21 al Jueves 23 de Junio.


Se acerca el día que le va a dar un nuevo giro a todo este ya prolongado proceso.
Informáticamente la semana no pudo empezar peor. Me quedé aislado del foro de los compañeros del foro de “carreraspopulares” al no poder colocar mis comentarios, ni poder opinar en ninguna pregunta. Durante tres o cuatro días contacté con unos y con otros por si alguno supiera de qué problema se trataba. No consigo obtener una respuesta que me satisfaga ni que dé solución al problema.


Viernes 24 de Junio.


No sé exactamente qué me pasa pero me siento fatigado y sin ganas de nada. Una extraña sensación de cansancio constante me persigue todo el día a pesar de no realizar ninguna actividad física que la pueda causar. A últimas horas de la tarde comienzo a sentir unas molestias en el costado derecho que poco a poco van creciendo en forma de un dolor agudo que me tener que buscar una postura que me permita estar cómodo, incluso estando sentado.


Pasadas unas horas y acercándose el momento de acostarme, las molestias desaparecieron igual que vinieron: sin avisar. Esa noche dormí de un tirón. Madrugué a la mañana sin tener claro si porque como en mí es costumbre, o por que hubo alguna causa como la molestia de la tarde anterior me llevó a despertarme. El caso es que no me levanté con malas sensaciones. Fui a la cocina, y me dispuse a desayunar… Lo que vino después… Lo que vino después ya es sabido por quienes hayan seguido mi evolución. Si alguien no lo ha leído, lo puede ver en Crónica de un buen susto..(Es el texto con el que comienzo esta serie de Partes de guerra.)

Partes de guerra de mi lesión

<b>Partes de guerra de mi lesión</b>

Comienzo una serie de "Partes de guerra" sobre la evolución de mi lesión que me había negado a escribir antes. Me parecía un pelín deprimente. Lo hago ahora, cuando ya llevo 3 meses en el dique seco...


PARTE Nº1


SEMANA DEL 13 AL 19 DE JUNIO DE 2005
SEMANA 9 DE BAJA DESDE LA OPERACIÓN.


Semana que resultó difícil de llevar, pero que por fin terminó
“Como ésta… –pensé-, después de una semana así, no puede haber otra peor…” Sin embargo, en este extraño vals que me ha tocado bailar, en el que lo habitual viene a ser dos pasitos para delante, y uno para atrás, ser optimista puede salir muy caro. ¡Qué poco me podía imaginar yo que esta semana iba a ser con mucho, peor que la anterior.


Uno, trata de pensar: “A partir de aquí, para arriba”. O… “Si con esto ya henos tocado fondo, ahora sólo queda tocar techo”


Hablemos de 13 al 19, para ir con orden, aunque sea muy de pasada. A las alturas que estamos, 29 de junio, ya no merece la pena entrar en detalles con ella.


13 de Junio. Buen regusto en la boca de lo bien que me lo pasé la víspera en la Carrera de Carabanchel. Por la carrera en sí como espectáculo, y por la tertulia posterior a la misma, que pude compartir con los amigos.


Aún estaba cansado y no pude escribir la crónica que no coloqué hasta dos días después.
El tobillo operado me estaba presionando demasiado y me quitaba las ganas de cualquier cosa. Hasta de leer o de escribir.


14 de Junio. Se cumplían exactamente dos meses de la operación.
Se suponía que me quedaban seis días para consumir la última prórroga concedida y poder comenzar de una vez la rehabilitación. Para que me dijeran una u otra cosa, debía de ir a la consulta el siguiente Lunes 20 de Junio. Pero ya ese mismo día 14 de Junio, decidí que no esperaría más para ir. Iría a la Consulta por mi cuenta y sin cita previa, al día siguiente. Si hasta ese momento, la inflamación no había cedido ni un poco, veía difícil que remitiera en la escasa semana de tiempo que quedaba…


15 de Junio. Miércoles. Acudí a la Consulta del traumatólogo por la mañana. Nada más verme el pie, al Doctor no le hizo falta oirme dar muchas explicaciones. En su cara vi que tampoco él esperaba verme en ese estado.
Inmediatamente, pasó a darme la nueva pauta a seguir: baños de contraste para el pie sin extremar las temperaturas ni del agua fría ni del agua caliente ni del agua fría. Esto consiste en introducir alternativamente el pie en sendos barreños, uno de agua fría y otro de agua caliente, durante cinco minutos es cada uno de ellos, no excediendo de un total de 20 a 25 minutos. Ponerme una media elástica compresiva de grado medio el máximo de tiempo que la pudiera soportar. Esto, para activar la circulación sanguínea en la zona afectada.
Según me explicó el Doctor, tanto los huesos, como los tejidos del pie, estaban reclamando un riego sanguíneo que no les llegaba.
Durante al menos un mes debía administrarme además Calcitum, un medicamento basado en una hormona de salmón que se toma en forma de inhalador. También debía tomar unas pastillas de calcio que son efervescentes. Una y otra cosa, se supone que contribuirían a mejorar la circulación en el pie y a fortalecer sus huesos y tejidos. “Suena bien. Vamos a verlo” – pensé-.
De momento con esta cita improvisada y adelantada, quedaba anulada la cita de una semana después. En principio, la nueva fecha para la siguiente cita, era el 4 de Julio. En caso de que la cosa fuera mejor, incluso se podría adelantar al 27 de Junio. Me conformé con que todo fuera medianamente bien y me quedé con la última fecha en mente. Si fuera mejor, bienvenido sería. Pero no quería contar con ello.


Por otra parte, tenía cita para la inspección médica de la mutua del trabajo ese mismo día, el 20 de Junio. Lo de este Doctor fue aún más rotundo. Más o menos se vino a apostar un café conmigo a que no me veía en condiciones antes del 18 de Agosto, que es para cuando me ha dado la siguiente cita. Ni que decir tiene lo mucho que me gustaría hacerle perder semejante apuesta. Pero a fecha de hoy, 15 de Julio, y con tanto tiempo por delante, empiezo a tener mis dudas.


Del Jueves 16 al Domingo 19 de Junio.
Nada que destacar.

Crónica de un buen susto

Crónica de un buen susto

El Sábado 25 de Junio, me encontraba en la cocina de casa desayunando. Solo. Había madrugado y mientras desayunaba, veía las noticias en la tele. Creo que ya me desperté con molestias. O a lo mejor las molestias fueron las que me despertaron. Ya el día antes las tuve pero no les hice mucho caso. El caso es que la cosa empezó a ir en aumento a mucha velocidad.


Pasé de sentir unos pinchazos, a sentir unas punzadas cada vez mas fuertes en el pecho y en el costado derechos. Noté cómo el dolor se extendía cada vez más. Me llegaba hasta la cintura y por arriba me dolía hasta el cuello. No encontraba la forma de sentarme en la silla de la cocina sin que me doliera. Me empezó a costar coger aire. No podía respirar sin que me doliera. Cualquier golpe de tos resultaba terrible. Me daba miedo toser.


No imaginé que era lo que era, pero otras cosas se me empezaron a pasar por la cabeza. Esos síntomas me hicieron pensar en cosas muy… feas. Cosas que prefiero no nombrar.


Como pude, me fui al dormitorio a avisar a Isabel,mi mujer. Casi no lo consigo. Apenas podía hablar. Del dolor que tenía, me dejé caer en la cama despertándola con sobresalto. Tumbado en la cama me dolía más aún. Eso, también me asustó más aún. Me levantó Isabel de la cama, yo no podía.


Como pude le expliqué, y en poco más de media hora estaba en el servicio de Urgencias del Hospital.


Radiografías, calmantes y más calmantes por vena y por vía oral, escáner, pruebas y más pruebas, para llegar a la conclusión de que un coágulo de sangre del tobillo se desprendió, no se diluyó bien y terminó alojándose en un pulmón obstruyendo algunas venas. Me quedé ingresado una semana con tratamiento de anticoagulantes, oxígeno y reposo absoluto en cama las 24 horas del día. Me dieron el alta por fin el día 1. Regresé a casa ya repuesto y ahora debo continuar con los anticoagulantes por 6 meses más.


Ya ha pasado todo, pero el susto lo sigo teniendo metido en el cuerpo. Porque sí amigos, el miedo es libre, y yo pasé mucho miedo.


Ahora a seguir adelante. Nuevas complicaciones. Ayer el trauma me dijo que hasta Agosto, no nos volvemos a ver con esperanzas de empezar una rehabilitación que no termina de llegar. Y ya vamos camino de los cuatro meses con esto.


Esto es lo que hay de momento...


Pepe.

Orgullo de corredor

Orgullo de corredor

Transcurre el tiempo, se escapa. Se fuga, como agua entre los dedos… Imposible detenerlo… Y sin embargo, yo lo he conseguido. Sintiéndome vanidoso de ello, engreído por mi logro, contemplo el cronómetro en mi muñeca, y veo que en una de sus memorias, aún conservo los tiempos de mi penúltimo entrenamiento. Fue hace tanto tiempo…


10 de Diciembre de 2004… Había pasado casi un mes desde mi participación en el Medio Maratón de Moratalaz en el que tanto disfruté. El cronómetro, certero y frío me dice que empleé 0:25:46 en hacer 5 Klms. Analizo en detalle y desmenuzo cada kilómetro… 5:03, 5:02, 5:12, 5:11 y 5:16. Entonces yo ya andaba “tocado” del ala por la lesión que desde entonces arrastro. Y ya van seis meses…


Aún no me había enseñado su verdadero rostro. Se anunciaba, pero yo no pasaba de culpar a las zapatillas. Aún hoy sospecho de ellas como culpables de todo esto. Me dijeron los doctores después que normalmente, esto que yo llevo a cuestas, viene como consecuencia de un trauma (léase golpe), o por una torcedura (léase luxación). Y sin embargo con ese nombre acabó quedándose: Luxación del tobillo con afectación de los tendones peronéos… Pero aún hoy, no recuerdo que me pasara nunca ni una cosa ni la otra. Y eso, repito, aún hoy me desconcierta.


Tocado del ala como andaba, recuerdo que ese día, a esas alturas, no pude más con la molestia y decidí que era momento de parar. Descansaría unos días y a ver qué pasaba… Aún así, veo que conseguí mantener una regularidad que hoy no sé si sería capaz de repetir.


Consulto las memorias de mi crono y me encuentro que cuatro días después…


14 de Diciembre de 2004… Empleé 1:02:43 para hacer 10 Klms. Desgrano cada kilómetro y veo: 5:04, 5:32, 5:57, 6:46, 7:01, 7:17, 7:20, 6:05, 5:42, 5:56.


Ni tres kilómetros, y me rindo a la evidencia de que algo no va bien. Decido aflojar, pero no abandonar. Me da rabia. Sigo corriendo y sigo levantando el pedal. Así durante siete kilómetros. Ahí decido apretar los dientes y en un último golpe de coraje, me empleo a fondo para terminar el rodaje de 10 Klms que había planeado hacer al salir de casa. Después, que viniera lo que fuera, pero ahora, a terminarlo como fuera…


Y casi lo consigo. Al menos conseguí bajar los tiempos. No sé cómo, pero lo hice. Desprecié lo que ya eran más que molestias evidentes, y tomaba tintes de dolor… Terminé. Pero sabiendo que ya no habría más intentos. Estaba todo perdido. Había que emplear el tiempo y las energías en averiguar qué era lo que andaba mal. No había otra. Pero no me quedó el amargo sabor de boca de no hacer terminado lo que había salido a hacer. Había que terminar 10 Klms. y los terminé. Orgullo de corredor, qué malo eres a veces… Mi penúltimo golpe de orgullo.


El próximo golpe de orgullo vendrá si Dios quiere, cuando termine todo esto y vea que lo que hoy por hoy no me parece posible, pueda de nuevo volver a serlo: Correr mis primeros 500 metros, o quizá mi primer kilómetro entero.


Tal vez mi orgullo de corredor me esté haciendo ver las cosas demasiado fáciles. Sí, tal vez hasta 500 metros sean muchos. Pero no quiero dejar que madure la idea que llevo en el fondo de unas zapatillas que todavía no he estrenado y que compré con la idea de correr el MAPOMA 2005… Esa idea es, que me parece imposible que este pie vuelva a recordar lo que fue capaz de hacer un día. Que recupere su memoria y sea capaz de de volver a correr. Que tal vez me tenga que conformar como mucho con volver a andar normalmente. Y tal vez eso sea todo.


Seis meses de lesión dan para pensar en muchas cosas y no todas son buenas. Pero prefiero dejar esto escrito con la esperanza de que al final las cosas no terminen así y poder reírme de ello al volver a leerlo algún día. Todavía conservo esa esperanza. Todo contradictorio, confuso y gris. Orgullo de corredor.


Pepemillas.

Crónica Carrera Popular de Carabanchel 12-Junio-2005

¡Qué buena crónica me saldría si no se me escapara un detalle de cuantas cosas he tenido la suerte de vivir y compartir el pasado Domingo por la mañana en la Carrera Urbana de Carabanchel! ¡Qué buena crónica si fuera capaz de trasladar al papel todas las sensaciones de esas horas!

Y eso, que en mi caso particular, son algo diferentes de la gran mayoría de los de por aquí. ¿Debido a qué? Pues debido a que al no correr en la prueba, ya se sabe: los toros vistos desde la barrera son muy distintos. Pero en cualquier caso, aunque pasé por la inevitable sensación de que se me ponían los dientes muy largos por la envidia que me daban los participantes, del primero al último, me quedo con los instantes posteriores a la carrera en sí.

Esa tertulia entre camaradas, compuesta por compañeros de afición, es en la que se vieron los frutos de una amistad que no entiende de barreras regionales ni clasistas, tan al uso por desgracia en otras facetas de nuestras vidas.

Una tertulia con participantes del calibre de Mar, Tetovic, Marcos, el recién capturado en nuestras redes Benigno, tiodelmazo, el KENIATA KRISMARAN, luish, y por supuesto la inapreciable presencia de la Gatita, hizo que este Pepemillas que os escribe, gozara de una de las mejores mañanas de Domingo que ha pasado nunca.
Espero no haberme dejado fuera a ninguno de los que pude ver. Aunque como no, me temo que sufrí un nuevo despiste de los míos que debo comentar con Krismaran. Seguro que se reirá, cómo no.

Bien es cierto que no puedo opinar sobre organización y detalles de la carrera en sí como vosotros – aunque hubo algunos destacables, que más adelante trataré -, eso tendrá que esperar para futuras ocasiones en que pueda hacerlo. Pero sí puedo hacerlo sobre los momentos posteriores a la misma. Y esos, tampoco tienen precio.

De esas tertulias, como le dije a Tetovic de camino a casa, también se aprende. Oyendo cómo cuenta cada uno su sensación de la carrera, de cómo lo ha pasado y sus futuros proyectos deportivos, se da uno cuenta de que no quisiera que las agujas del reloj volaran tan deprisa como vuelan cuando se disfruta de la compañía de los amigos.
Hubo ausencias en esa tertulia. Nos faltaba entre otros, Josero, a quien tuve el placer de saludar, pero que no se pudo quedar. ¡La próxima no te escapas! Y también nos faltó una de las joyas de la corona de los novatos: la increíble Sylvie (Sylpodiums, Sor Syl como alguno la ha llamado ya…) ¡Chica, cuando vengas, no puedes hacerlo sola! Propongo que vengas acompañada de tu saxo para amenizarnos unos minutos. ¡Nunca habrás tenido tan buen público como nosotros! Lo digo ahora porque si no, se me olvida, que me conozco.

También me hubiera gustado ver a los compañeros del GGM, pero no conseguí ver a ninguno. Sin embargo sé que estuvieron, porque alguno del grupo de los novatos tuvo la suerte de cruzarse con ellos.

Llegué algo tarde porque descuidé la forma de quedar con un compañero del GGM. A pesar de eso, estaba en La Plaza Elíptica a falta de diez minutos para el pistoletazo de salida. Aunque sabía que sería difícil ver a alguno de cuantos buscaba, lo intenté. Fue en vano. A menos de cuatro minutos para la salida, en vista de que no conseguía mi propósito de saludar a nadie, me vi en la necesidad de "esprintar" hasta la glorieta para hacer la foto de la salida que tanto quería hacer. Esto desde el arco de salida parece fácil, pero con muletas, para qué contar. Alguno debió pensar: “¿A dónde va ese sin dorsal?”

A los demás no sé, pero a mí, estas tertulias, estas reuniones, siempre me dejan un buen sabor de boca, aunque si bien, algo entremezclado. Me explico: Es algo que aunque sabe a gratificante, a la vez se queda en insuficiente. Algo que por más veces que se produzca, siempre será igualmente grato, pero siempre seguirá siendo insuficiente. Siempre quedarán ganas de más como la del Domingo.

Por eso, vuelvo a brindar desde casa con mi jarra de barro con vosotr@s por lo magníficos que sois. Y por que haya muchas más ocasiones como esta.

Pepe.

Cosas que pasan en el transcurso de la recuperación de una lesión.

Decía en el foro de www.carreraspopulares.com...

Hola amigos. Soy un estúpido y os pido disculpas. Siento que os he fallado. He decepcionado a más de un@ aquí, lo sé y pido perdón.
No veo mejor manera de empezar a escribir hoy… Pero no lo voy a hacer aquí con una extensa reflexión que pueda cansar al personal. Eso ya tengo donde hacerlo para quien lo quiera leer en mi bitácora personal, sin necesidad de cargar los post como frecuentemente hago.

Y aquí estoy, en mi bitácora…

Decía que no veo mejor manera de empezar a escribir hoy… porque puede ser que una cura de humildad me venga bien. Y esta viene por reconocer una serie de cosas, una serie de errores que he cometido.

El primero de todos, un error de actitud. Reconozco que me he equivocado de actitud para afrontar una adversidad que en medio de todo era previsible. Hay contratiempos que por muy optimista que sea uno, deben de entrar en los planes de una recuperación. Yo no lo he hecho así. También por ignorancia, ¿por qué no decirlo? Pero eso tampoco me sirve como excusa. No, nunca me había visto en una como esta, pero eso no es motivo para reaccionar tan mal como he reaccionado. Y estoy muy arrepentido. Quiero que sepáis esto sobre todo. Muy arrepentido.

He sido muy egoísta. Hay muchas cosas y situaciones peores que esta por la que yo estoy pasando. Muchas. Y yo no debería de haberme hundido de esta manera, por algo tan burdo como mi lesión. Quiero creer que ya ha pasado. Quiero creer que estos síntomas también forman parte del proceso de recuperación de una lesión. Por lo menos, pienso que si estoy escribiendo estas líneas, ya es un comienzo de marcha atrás en esta actitud tan errónea. Creo que no hay como pasar por una de estas para entender lo que trato de explicar. Cuando eso le pase a algun@ de vosotr@s – que Dios quiera que no sea nunca -, sabrá bien de lo que hablo. A mí estoy seguro de que me servirá de lección todo lo que estoy aprendiendo con esto de cara a futuras lesiones de las que nunca estamos libres.

Con vuestra ayuda, que de una u otra forma nunca me ha faltado, podré superarlo todo. Cuento con ella. Siempre cuento con ella.
No tenía ganas, no ya de conectar – porque desconecté de todo -, con el foro, correo completamente desatendido, sino de nada… Tareas, proyectos, compromisos y promesas pendientes… No tenía ganas de abrir el Messenger tampoco, con lo cual he dejado más de una conversación colgada por ahí. No tenía ganas de leer… Pero además, y lo que más me duele, es que los más cercanos a mí, mis hijas y mi mujer han tenido que soportar por mi parte un malhumor muy egoísta y que no tiene justificación. Eso no está nada bien. Sería estúpido no reconocerlo.
Me ha costado reaccionar, pero creo que lo he hecho.

Desde el Lunes había entrado en una espiral de tristeza y desgana por todo que no es normal. Eso, acompañado de todo lo que ello conlleva: malhumor, irritabilidad, desmoralización, desmotivación… En tres palabras: me hundí miserablemente. Hice aguas por los cuatro costados.

Ha habido momentos en que me he preguntado de dónde había sacado toda la energía necesaria para andar repartiendo sonrisas, ánimos y moral por todas partes, a la vez que me enfrentaba a lo mío con todo el optimismo del mundo. La respuesta es sencilla: básicamente yo intento ser así. No digo que lo sea permanentemente, pero lo intento. A veces, hasta lo consigo. Y de pronto me he encontrado con que toda esa energía se me ha ido como agua entre los dedos. Se me ha ido a manos llenas. Quedarse con el depósito de energías vacío es muy malo. Lo ves todo negro y te planteas pensamientos que no deberían despertar nunca. Pensamientos que siempre deberían estar arrinconados y bien ocultos.

Supongo que todo esto forma parte también del proceso de la recuperación de una lesión, como he dicho antes. Me he dado cuenta, he sabido ver – creo que a tiempo -, que lo mismo que se necesita una buena preparación psicológica para afrontar una carrera de fondo, también se necesita para afrontar una lesión que se extiende en el tiempo más de lo debido. Incluso más de lo soportable. Aquí es donde yo he flaqueado. Hasta ahora creo que lo había llevado bien, pero he “pinchado”. Creo que lo importante es que por fin he conseguido verlo y sobreponerme a ello. El tiempo lo dirá. El tiempo dirá si esto es verdad.

Escribiendo ahora – cosa que también llevaba días sin hacer -, sobre todo lo que siento, creo que también me ayuda. Debo aprovecharlo para “echarlo todo fuera”. Ahora creo estar seguro de haber recuperado las riendas que se me habían escapado días atrás y que de nuevo tomo el control de todo lo que había emprendido.

Me han pasado una serie de cosas esta semana que se podrían repartir en ambos fieles de una balanza. Cosas positivas y negativas que hacían difícil encontrar el equilibrio adecuado de la situación. Ahora las explico por que merecen capítulo aparte…

Apartado de cosas negativas…



El Lunes como sabéis, fui al traumatólogo. Cita para quitarme el lastre de la escayola.

Junto con la fecha de la operación y la de quitarme los puntos, una de las más esperadas por mí en todo este proceso. Cada una de ellas, una etapa menos que cumplir.
Ahí es donde empezó mi declive… Yo creía que estaba preparado para todo pero no era así. No estaba preparado para el “regalo” que me hicieron allí… Yo me había hecho con la idea de unas expectativas que no se correspondían con lo que me dijeron.
Sabéis de la cuenta atrás que me he fabricado. En ella me mantengo, pero me temo que tendré que hacer algún reajuste.

Mi error ha sido tener permanentemente en la cabeza el pensamiento de que quitada la escayola, sería cosa de unos días empezar con la rehabilitación. No es así. Me han echado encima una losa. Resulta que para eso debo de esperar un mes más. Eso me desmoralizó muchísimo y colmó el vaso de mi paciencia. Muy mal por mi parte. La verdad es que nadie me había asegurado nada sobre esto ni sobre otras cosas en las que ahora prefiero no pensar… Pero el caso es que las cosas son como son.

Ahora, mirando el lado positivo, veo que ya no es un mes: son tres semanas, porque una ya ha transcurrido. Frente a lo que ya llevo, eso es pan comido.
El caso cierto es que mi pie sancillamente no está en condiciones de dar una respuesta positiva al tratamiento de una rehabilitación. Está hecho un cromo. De siempre he sabido que mis pies son realmente feos, pero cualquier parecido de mi izquierdo con un botijo, es hoy por hoy más que una mera casualidad.

En estas semanas debo pasar paulatinamente por ir apoyando progresivamente el pie en el suelo, primero con ayuda de las muletas. Luego, con una sola a modo de bastón. Ir haciendo pequeñas caminatas para que el pie vaya cogiendo su juego.

Y en ello estoy… Ya voy haciendo progresos. Eso me da nuevas esperanzas.

Apartado de cosas positivas…



Llamadas y visitas...


No quiero pasar por alto ciertas llamadas telefónicas que agradezco, de un buen amigo del foro que en su intento por meterme un poco de moral en el cuerpo, consiguió el efecto deseado. Y no sólo eso, sino que no satisfecho con llamarme, vino a visitarme por la tarde. Un placer. Gracias, Luis.


El efecto de una frase…


El Viernes, estando aún en es quiero y no puedo, mi mujer consiguió convencerme para que la acompañara al Salón Inmobiliario que se celebra en el IFEMA por estos días. Me lo pasé en grande. Me distraje mucho y consiguió que me quitara por unas horas toda la negatividad que me cubría los ojos.
Todas las firmas expositoras obsequian a los visitantes con objetos de recuerdo y folletos publicitarios. En uno de ellos me dieron un caramelo. Una piruleta de fresa que en su envoltura llevaba inscrita una frase. Primero la leí sin prestarle mayor atención, pero una vez le hube leído me causo un efecto relámpago. Como un fogonazo. Me provocó esa sonrisa que se te dibuja cuando por fin los árboles te dejan ver el bosque.
Decía:

“Los golpes de la adversidad son muy amargos, pero dulce es el sabor de haberlos superado”
JOSEPH ERNEST RENAN.


El efecto que me produjo fue inmediato. Sin mucho esfuerzo, me apliqué el cuento y decidí que debía de terminar con esa actitud negativa que me estaba cegando. Así que, desde ahora, adelante con lo que sea.

Además… ¡Qué narices! ¡Pepemillas, siempre hacia delante!

El por qué del sobrenombre "Locomotora de Moratalaz"

El por qué del sobrenombre &quot;Locomotora de Moratalaz&quot;

Íbamos buena parte del GGM camino del Trofeo Ekiden que se celebraba en Getafe en el mes de Febrero. Uno, con pretensiones de hacer un reportaje fotográfico y el resto a competir. Digo con pretensiones, porque al final mi labor se quedó en eso más que otra cosa. El intenso frío que hacía y la lata que me estaba dando por esos días mi tobillo con la molesta lesión de los tendones, me quitaron las ganas de casi todo. Y lo consiguió, menos en lo que referente a dar ánimos a los compañeros en cada uno de sus relevos.
Estar allí sin haber dormido, según había salido de trabajar toda la noche, también pudo tener algo que ver en el hecho de no estar muy espabilado de reflejos.
Creo recordar que íbamos repartidos en cuatro coches. En el mío, llevaba a Pilar – conocida entre nosotros como Pilotas -, el buque insignia femenino del Equipo. El hecho es que charlando, charlando, surgió el tema de nuestros orígenes deportivos. Dicho de otra forma, intentábamos los dos, saber dónde había surgido en el otro, esta afición las carreras de fondo.
Dicho de otra forma, intentábamos saber mutuamente dónde habían surgido los orígenes de nuestra afición por las carreras de fondo. Como ya le conté a ella, este fue el principio de mi afición por las carreras de fondo…
Tal vez no muchos, pero algunos sí – lo digo por cuestiones de edad -, recordará unos libros de actividades escolares pare el tiempo de las vacaciones de Verano de la Editorial Santillana. Seguramente sí los recordaréis. Eran muy entretenidos. Apaisados y llenos de cosas apasionantes – a mí me lo parecían -, que cubrían huecos sobre temas que durante el curso no se habían tocado ni de lejos.
En el correspondiente al verano en que yo cumplía unos 13 ó 14 años, había unas páginas dedicadas a los Juegos Olímpicos. Era una recopilación de los celebrados hasta esas fechas y un glosario de nombres y marcas deportivas en todas las especialidades posibles. Yo, me fui a fijar especialmente en la biografía de alguien que desde entonces y hasta la fecha, me marcó enormemente.
El atletismo en todas sus especialidades individuales y por equipos, me llamó poderosamente la atención, pero en particular, las pruebas de fondo. Empecé a leer y leer… devorar casi… Entonces fue cuando descubrí que un señor… nacido en Koprivnice – Checoslovaquia -, llamado Emil Zatopek conquistó tres medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952, en los 5.000, 10.000 metros y en el Maratón. ¡Ojo, todo esto en unos mismos Juegos! ¡Los de 1952! Pensad en los medios que había por entonces en lo que se refiere a material deportivo, léase zapatillas por ejemplo, y métodos de entrenamiento…
Era este un hombre tan peculiar por su forma de respirar cuando corría que le llamaron “la locomotora humana”.
Entonces fue cuando nació en mi mente la idea de que algún día yo debía de intentar correr este tipo de carrera. “No debe ser nada fácil”, debí pensar. Pero de siempre me han atraído los retos. Si una vez aprendí a montar en bici yo solo sin ayuda de nadie, también podría al menos intentar lo que ya comencé a considerar como una proeza.
Yo aprendí a montar en bici tirándome por una cuesta abajo y cuando la cuesta se terminaba empezaba a pedalear como un loco tratando de mantener el equilibrio, llegando cada vez más y más lejos donde el terreno era llano. Cada vez más lejos hasta conseguir dar la vuelta y regresar a la cuesta por la que me había tirado, para volver a empezar.
No recuerdo cuánto tardé en conseguirlo. Sólo sé que me lo propuse y que lo conseguí. Eso era todo lo que me importaba.
Inquieto por saber más y más fui buceando con el tiempo más y más libros y publicaciones que hablaran de los entresijos de este tipo de prueba, y de sus orígenes desde los tiempos de Filípides.
Sí, algún día yo debía de intentarlo…
El caso, y volviendo al momento actual, es que la amiga Pilotas se quedó con el dato y a raíz de ello, le dio por llamarme la locomotora de Moratalaz. Me gustó. Me quedé con ello, y lejos de merecerlo en cuanto a éxitos deportivos en esta prueba puesto que hasta la fecha lo más que he hecho ha sido correr dos Medios Maratones, espero que me motive para, una vez vencida esta maldita lesión, intentarlo en el MAPOMA de 2006. Si todo va bien, tendré la suerte de correrlo con un buen montón de buenos amigos. Siempre he corrido solo. Siempre he entrenado solo. Ahora, se me presenta la oportunidad de compartir la experiencia y hasta de dedicársela a mucha buena gente que me ha ayudado y me está ayudando a creer que puedo hacerlo.
Gracias Pilotas. Por ti, es por quien este rinconcillo se llama como se llama.


Sobrevivir a un ataque al corazón.

<b><font size=4>Sobrevivir a un ataque al corazón.</font></b>

A continuación, si todo va bien, se podrá leer un interesante y corto artículo a cerca de algo que seguramente muchos no saben. Yo desde luego, desconocía algo como esto.
Me llegó en formato de PPS y lo recibí hace tiempo del amigo Juanes del GGC. Lo vi interesante y provechoso. Extraje el texto y aquí lo presento para quienes no lo conozcan.


Si cada uno que recibe este articulo lo envía a 10 personas, usted puede apostar que salvaremos, al menos, una vida.
Lea esto..... ¡Podrá salvar su propia vida!
Son las 18:15 hrs., y va conduciendo a casa (solo) después de un día de trabajo que ha sido extremadamente difícil.
Está realmente cansado, molesto y frustrado.
Repentinamente, empieza a experimentar un fuerte dolor en el pecho, que empieza irradiar hacia su brazo y hasta su mentón.
Se encuentra a solo ocho kilómetros del hospital más cercano.
Será capaz de llegar hasta allá.
¿Que puede hacer? ha sido formado en Respiración Cardiopulmonar pero quien le enseñó no le dijo cómo aplicarlo a uno mismo.



COMO SOBREVIVIR A UN ATAQUE AL CORAZÓN CUANDO ESTÉ SOLO


Este artículo es importante, pues mucha gente está sola cuando sufre un ataque al corazón.
Sin ayuda, una persona cuyo corazón está latiendo normalmente y empieza a marearse, le quedan tan solo unos 10 sgs, antes de perder el conocimiento. Sin embargo, estas personas pueden ayudarse a sí mismas tosiendo repetida y muy fuertemente.
Debe hacerse una respiración profunda antes de cada tosido, y el tosido debe ser profundo y prolongado, como cuando producimos flemas desde muy adentro del pecho. Una respiración y un tosido deben repetirse, aproximadamente, cada 2 sgs, sin dejar de hacerlo, hasta que la ayuda llegue, o hasta que se sienta que el corazón esté de nuevo latiendo normalmente.
Las respiraciones profundas llevan oxigeno a los pulmones y los movimientos de la tos aprietan el corazón y mantienen la sangre circulando.
La presión sobre el corazón también ayuda a recuperar el ritmo normal.
De esta manera, las víctimas de un ataque al corazón pueden llegar a un hospital.
Di esto a tantas personas como sea posible, ¡Puede salvar vidas!
Por favor se amigo de tus amigos y ayuda a todas las personas que conozcas, a pesar de no sentirte tan amigo de ellos.

¡Envía este artículo a tantas personas como te sea posible!

GRACIAS

Crónica de la Media Maratón de Moratalaz 2004

<b><font size=4>Crónica de la Media Maratón de Moratalaz 2004</font><B>

¡Hola amigos…! ¿Qué tal? Aquí llega Pepemillas para dar sus impresiones personales sobre la carrera del Domingo (Media Maratón de Moratalaz), después de ver la tormenta que se ha desatado sobre la más que posible mala medición del recorrido de la misma. Una lástima por cierto.
Llegué a la línea de salida marcándome una serie de objetivos y menos uno los conseguí todos. Si tenéis paciencia para leerlos, aquí os los ofrezco.
1º Disfrutar de la carrera.
CONSEGUIDO PLENAMENTE. HE DISFRUTADO COMO NUNCA.
La última vez que la corrí, hace cinco años, la sufrí más que nada. Aún conservo terribles recuerdos de aquella ocasión. Fue realmente angustioso terminarla. Me parece recordar que empleé dos horas y media largas.
Entonces no estaba bien preparado y no tenía conciencia clara de lo que era un kilómetro, los promedios, ritmos y muchas más cosas que gracias a vosotros he aprendido. Una cosa que me ha resultado muy útil ha sido algo que leí a cerca de la respiración abdominal. Increíble pero cierto.
2º No llegar el último.
CONSEGUIDO.

3º Mejorar los tiempos del entrenamiento de dos días antes de la carrera.
CONSEGUIDO.
El Día 12, hice los primeros 12 Klm. en 1:09:28 y los 10 Klm en 0:57:45. En la carrera del Domingo los primeros 10 Klm. los hice en 0:50:05 y los 12 Klm en 1:00:43.
4º No emplear más de 2:10:10.
CONSEGUIDO.
Malas mediciones aparte, invertí un tiempo de 1:51:26.
5º Mantener un ritmo y en ocasiones, según cómo me viera cambiarlo dentro de mis posibilidades.
CONSEGUIDO.
Lo alteré varias veces a lo largo del recorrido sin sufrir demasiado.
6º No bajar mucho el ritmo en las subidas que tanto me asustaban. Sobre todo la cuesta de detrás del Polideportivo.
CONSEGUIDO.
Al menos la primera vez, mejor que la segunda. Supongo que naturalmente fruto del cansancio. La segunda vez, sabiendo que sólo quedaban 3 Klm. para llegar a meta, me relajé demasiado. Pero aún así, no me salió mal del todo.
7º Intentar hacer la carrera de un tirón sin tener que pararme.
CONSEGUIDO.
La vez anterior que la corrí, no sé las veces que me tuve que parar. Aquello fue un auténtico calvario. Esta vez supongo que simplemente estaba más y mejor preparado.
8º Conocer al principio o al final de la carrera a alguien del foro. Me daba igual quien fuera.
NO CONSEGUIDO.
Señores, siguen siendo ustedes invisibles a mis ojos. Por más que miré, no conseguí ver ninguna camiseta ni nada que me indicara vuestra presencia. Ningún logo del GGM… Nada… Una pena…
Y sin embargo, sí Dragón, sé que allí estuvisteis… Otro día será…

Por todo esto quiero agradecer a todos vuestros consejos y cuanto he leído aquí y en carreraspopulares.com en estos dos meses que llevo entrenando. Sin esas lecturas, seguramente nada de lo que he conseguido habría sido posible.
Ahora… ¡A por el MAPOMA 2005!
Gracias y un fuerte abrazo para todos.

Pepe

Un agradecimiento debido.

<b><font size=4>Un agradecimiento debido.</font></b>

Para comenzar, debo decir que el título de este lugar se debe al sobrenombre que me ha puesto cariñosamente una compañera de fatigas. Una compañera de afición por el Maratón, con la que aún no he tenido oportunidad de compartir un solo entrenamiento, pero que pasada la lesión que me tiene apartado del ruedo, espero poder tener.
Así con ella como con el grupo de mi barrio que he tenido la suerte de conocer apenas hace unos meses, pero tan integrado que parecemos conocernos de toda la vida. Este grupo no es otro que el GGM.
Y es que, esta afición tira mucho.
¡¡Pilar, gracias!!

Pepemillas.

Así mismo quiero agradecer al grupo llamado GGM la paciencia mostrada conmigo en los escasos entrenamientos que hemos compartido.
Esta inoportuna lesión de tendones en el tobillo y lo poco que he podido coincidir con las horas en que entrenan, por lo peculiar del horario de mi trabajo, no me han permitido entrenar con ellos más veces.
También espero que esto cambie en el futuro.

Pepemillas.

Página 2 de mi viejo diario

Página 2 de mi viejo diario

2

Al día siguiente de firmar el contrato ya estaba trabajando de Controlador en el acceso de un Club Deportivo. Todo esto apenas quince días después de terminar mi contrato en el Ministerio.
Esto fue a mediados de Enero.
A partir de ahí, todo ha ido sucediéndose a velocidad de vértigo hasta el día de hoy. El contrato era por seis meses, siendo los tres primeros de prueba. Periodo que conseguí pasar. En el mes de Mayo llegó a mis manos una circular de la Empresa que informaba de un curso para aspirantes a Vigilantes de Seguridad. Esto me interesó mucho y me apunté sin dudarlo.
Hice el curso en el mes de Junio. En Julio cogí vacaciones sin saber qué me encontraría a mi regreso. ¿Seguiría o no seguiría en la Empresa?¿Me renovarían o no? Mi Jefe de Equipo me decía que no me preocupara, que lo más probable era que me renovaran. Que cada vez que le preguntaron por cómo me desenvolvía en el puesto, él siempre había dado buenos informes de mí.
Trabajar de Controlador en el Club Deportivo en el que estuve no es fácil. Hay que tener mucho dominio y mucho temple. Y en ocasiones tragar mucha, mucha quina. Pero yo supe hacerme con ello. Me adapté bastante bien.
También llegó a mis oídos el hecho de que si te renovaban al cumplir los seis meses, automáticamente pasabas a ser indefinido. Eso me tranquilizó y me estimuló.
Volví de las vacaciones – estupendas e inolvidables vacaciones por cierto -, en un camping de playa en La Manga -, y como nadie de la Empresa me había llamado, ni me notificaron nada, di por hecho que ya era indefinido y seguí trabajando con normalidad.
En Agosto publicaron las fechas de examen de mi convocatoria. Me examinaba el 9 y el 13 de Septiembre. El 9 de Septiembre me examinaba de las pruebas físicas. Tuve la suerte de que encima las hicieran en el Polideportivo de Moratalaz. ¡¡En mi barrio!! A un paseo de casa. Eso ya se hubiera podido entender como un signo del destino.
¿Qué quieres que te diga? Para mí correr en esas pistas es como para el Real Madrid jugar en el Bernabeu. Me son tan familiares por tantas veces como he ido a entrenar allí, y porque allí fue donde terminaba – y sigue terminando – la Media Maratón de Moratalaz que corrí hace unos años. Esa misma Media Maratón que si Dios quiere volveré a correr este año. Pero esa es otra historia.
Se suponía que el que no pasara las pruebas físicas, estaba eliminado y ya no podría examinarse del teórico. A mí la que más me preocupaba era la del Kilómetro. En condiciones normales sé que lo puedo hacer sobradamente en el tiempo de 5’30’’ que pedían como tope máximo. El problema era que como llevaba mucho tiempo sin correr, que es lo que a mí más me gusta – después de caminar por el monte -, estuve entrenando durante todo Junio y hasta mediados de Julio en que tuve que parar. No hice demasiado caso a los que me aconsejaban que cambiara de zapatillas. Me decían que las que usaba no eran adecuadas para lo que estaba haciendo. ¡Y qué verdad era! Me fastidié una rodilla. Se me inflamó y la sentía encasquillada. Así que me tocó parar casi todo el mes de Agosto. Dejé de correr. A mediados de Agosto compré unas zapatillas con cámara de aire de las que amortiguan la pisada. No las pude estrenar hasta finales de Agosto. Y lo hice con más miedo que otra cosa.
Miedo de volver a hacerme daño, o de que la rodilla aunque ya no me molestaba, volviera a resentirse. Me compré un vendaje compresivo para que sujetara la rodilla desde la parte media del muslo hasta la parte media de la pantorrilla.
Al principio parecía que funcionaba. Para no forzar la cosa más de la cuenta, lo que hacía eran carreras cortas y suaves. Pero no podía hacer nada de velocidad. Nada de correr a tope. Eso prohibido. La rodilla ya no me volvió a dar la lata, pero algo me decía que no todo iba todo lo bien que debía. Algo me decía que era mejor no intentar ir más allá porque con el margen de tiempo que me quedaba hasta el 9 de Septiembre – apenas diez días -, a lo mejor no iba a poder ni hacer el examen. Y eso sí que no me interesaba. Paré.

Un pedacito de mi pasado atlético.

Un pedacito de mis orígenes como atleta aficionado.
En ocasiones ocurre que deseas contar algo, expresarlo por escrito, y no encuentras cómo ni por dónde empezar. Pero también ocurre que un buen día te encuentras respondiendo a un correo de un amigo, empiezas a extenderte a extenderte y de pronto encuentras justo lo que andabas buscando.

Ese es el caso de lo que viene a continuación. He aprovechado para ello parte de lo que era la respuesta al correo de una amiga.

Yo perdí a mi hermano mayor con 28 años. Entonces yo tenía 10 menos que él, y para mí fue un golpe muy duro. Tremendo. Lo era todo. Y tardé muchos años en superarlo. Creo que hasta que conocí a la que hoy es mi mujer no lo superé. Miento, no lo creo, estoy seguro de ello.

Cuantos me rodeaban pensaron en que recurriera a psicólogos y esas zarandajas que es lo que yo opinaba de todo eso. Arrastré un sentimiento de culpabilidad que no me dejaba ni a sol ni a sombra. Pero salí adelante por mis propios medios. Pasito a pasito.

Sin temor a equivocarme fue cuando definitivamente decidí que debía de hacer algo grande como correr un Maratón para dedicárselo. La semilla ya estaba en mi cabeza como ya sabes desde tiempo antes. Te lo conté en Getafe ¿recuerdas? Desde el colegio. A los 13 ó 14 años. Pero con esa edad carecía de medios y de claridad de ideas de lo que debía hacer y cómo hacerlo. Lo único cierto era que Emil Zatopek ya habitaba en mis pensamientos.

Entonces no conocía a ningún GGM que me orientara... Pero al menos me quedó clara una idea : debía de empezar por algo más pequeño. Entonces acababa de nacer La Carrera del Agua del Canal de Isabel II. No me lo pensé dos veces.
Lo vi asequible. Recuerdo que durante semanas me preparé esa carrera corriendo por Bravo Murillo arriba y abajo hasta los depósitos de Plaza Castilla y daba la vuelta para terminar donde había empezado, en el Canal pasando por Cuatro Caminos. La meta estaba a apenas doscientos metros de donde yo vivía con mis padres en Bravo Murillo.

Ellos fueron testigos de mi primera carrera oficial. No se lo podían creer. Pensaban que sería algo pasajero y que tan pronto como me había venido esa fiebre, así se me quitaría.
Pero lejos de eso - a pesar de que siempre entrenaba en solitario, igual que hoy salvo las pocas veces que he salido con vosotros -, yo disfrutaba cada vez más y más de cada entreno. Sin estar pendiente de ritmos ni de tiempos, entre otras cosas porque no sabía ni que existían. Salía simplemente a eso: A CORRER. En poco tiempo concebí la idea de que podía hacerlo.

Ahora me da escalofríos pensar en el tipo de zapatillas que usaba para entrenar. ¡Madre mía! Nada que ver con lo que hay ahora. Ni mucho menos.

Dicho y hecho con 19 ó 20 años, corría aquella prueba. No recuerdo el tiempo ni la clasificación. Lo primordial era terminarla y vaya que si lo hice. Y lo que más recuerdo es que disfruté. Disfruté muchísimo… Y encontrar luego a mis padres en la meta, eso ya fue la guinda.... En fin estos fueron mis comienzos.

Recuerdo más cosas sueltas de aquella época. Entonces había un tal Ramiro Matamoros que era un bicho indomable que ganaba todo aquello en lo que se apuntaba. Si miráis los históricos de La Carrera del Agua, veréis que la ganó varios años consecutivos. Prácticamente entonces, fue cuando acababan e nacer las carreras populares.
También recuerdo que en la meta me hice una foto con el que entonces era el Campeón de España de Veteranos. Un abuelote encantador de unos 70 - 75 años por lo menos, al que recuerdo con mucho cariño. Con el mismo cariño con el que digo lo de "abuelote". Era un ser encantador y amable que no negaba un minuto y una sonrisa para todo aquel que se le acercaba. Un orgullo para mí aquella foto.

¡Caray! ¡Tengo que encontrar esa foto! ¡Como sea! ¡Y el Diploma, que también lo tengo! Aunque más bien se podría decir fósil, dado el tiempo que ha pasado desde entonces. ¡Lo que habrá llovido...! ¡Dios!

Creo que ponerme a buscar esa foto será la única forma de darte una tregua. Te la mereces, Pilar. ¡Qué paciencia…! ¡Qué paciencia haber llegado hasta aquí…!

Cuando continúe, lo haré con otro pedacito de mi pasado.
Hasta entonces…

Pepe.

24 de Abril - MAPOMA 2005

24 de Abril de 2005 EDICIÓN XXVIII DE MAPOMA
Una fecha de mucha rabia contenida. Para tomarla con la idea de que no es más que el comienzo del MAPOMA 2006. No es ya por el hecho de no haber podido participar en esta carrera con la que tanto tiempo llevo soñando, es que ni siquiera he podido estar con tantos amigos con los que me hubiera gustado compartir sus triunfos sobre la distancia mítica.

Una fecha en que me hubiera gustado estar con ellos y ver y compartir con ellos sus éxitos. ¡Maldita lesión!
Cuando se emplea la expresión "siento envidia sana", se suele decir que uno no es del todo sincero al usarla. No es mi caso. Siento una enorme envidia sana por todos mis amigos tanto del foro de carreraspopulares.com, como por los compañeros del GGM, con los que entreno. Tanto por los que han corrido como por los que sin correr, al menos han podido ir a ver el espectáculo.
Toda la mañana imaginando el Kilómetro por el que iría cada uno, o calculando cuánto les podría quedar para llegar a meta... Sin poder tener una sola noticia en directo ni por televisión ni por radio.
Increíble, parecía que en Madrid hoy no estuviera teniendo lugar ningún acontecimiento deportivo digno de mención.
Para colmo, en el Telediario de las 15:00 horas he tenido que conformarme con una breve reseña de apenas 30 segundos. Vergonzoso, opino.
Tomo esta fecha como el comienzo de mi recuperación y regreso para participar en el MAPOMA 2006. Así que desde hoy... -365 días son los que me quedan para meterme en harina.
Así ni más ni menos es como quiero verlo.
Aprovecho para felicitar con letras de oro a todos y cada uno de cuantos amigos han participado en la carrera. A todos. A los que han conseguido terminarla, rompiendo así su bautizo de fuego, y a los que sin terminarla han tenido la valentía de intentar el asalto a pesar de arrastrar alguna lesión que finalmente les ha ganado la partida. Lo han intentado. Eso también merece ser felicitado y tenido en cuenta.
Igualmente encomiable el esfuerzo de cuantos han debido abandonar, no ya por lesión, sino porque las fuerzas tal vez no les han dado para más.
Amigos, os envidio y os felicito. El año que viene estaré con vosotros.

Pepemillas

Pagina 1 de mi viejo diario.

Pagina 1 de mi viejo diario.

Son estas unas páginas muy queridas por mí de aquel viejo diario que haciendo limpieza en un armario reencontré hace poco... Un día lo tomé y comencé diciéndole...




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¿Cuánto hace de la última vez que te escribí? Mucho. Demasiado, ¿verdad? Si no me equivoco, creo que la última vez que lo hice fue para decirte que iba a empezar a trabajar en el Ministerio de Defensa. De eso hace ya más de un año. Si te he escrito después de eso no lo recuerdo.
Te cuento…
Aquella experiencia, la del Ministerio de Defensa, aunque fue positiva, no terminó todo lo bien que hubiera querido. Me explico: Disfruté de aquellos seis meses de trabajo como un enano. Era la primera vez que hacía una labor muy cercana a lo que es un trabajo administrativo. Aprendí muchas cosas. El trato de los compañeros, la paciencia que tenían conmigo en ocasiones, fueron exquisitos.
Aunque la etiqueta no era obligatoria, los vaqueros tampoco estaban bien vistos, de modo que yo encontré un termino medio entre vestir bien y de vez en cuando tenía ocasión de ponerme alguno de mis trajes. No te rías que ya sé que me estás imaginando trajeado con mi corbata y con mi cartera de mano como cualquier ejecutivo que se precie. ¿O no?
No sé, como te digo a mí me llegó a gustar aquello. Tal vez demasiado porque por culpa de ello llegué a hacerme ilusiones que estaban muy lejos de cumplirse.
En los seis meses que trabajé allí conseguí llegar a estar bien considerado tanto por el personal civil – funcionarios – como por el personal militar que trabajaba en la misma sección que yo. Un Coronel y dos Tenientes Coroneles entre ellos, así como algún que otro Capitán. A todos ellos les saqué más de una vez de un apuro encontrándoles en los archivos algún expediente o algún documento que ellos no conseguían encontrar.
En poco tiempo me di cuenta de que aquello me gustaba, me sentía útil. Así que no tardé en empezar a moverme para encontrar la forma de continuar allí una vez que hubiera finalizado mi contrato de seis meses. Me enteré de una oposición que se convocaba para final de año de Auxiliar Administrativo. Nunca llegaron a publicarla, por lo que yo no llegué a ver las bases. Animado por un Teniente Coronel conseguí hacerme con los temarios y empecé a estudiar. Después de estar unos tres meses dándole a los codos, me enteré de que la oposición era de régimen interno, es decir, para los que ya trabajan allí y además tuvieran una cierta antigüedad. Mi gozo en un pozo.
Consumí mi último mes allí con más pena que gloria. Aún así, aún viendo que aquellas puertas se me cerraban sin remedio, todavía tuve tiempo para empezar un curso de inglés que pusieron en marcha en el Ministerio. Acudí a las diez o doce primeras clases. Pregunté si podría seguir el curso una vez hubiera finalizado mi contrato pero me dejaron bien claro que si no trabajaba allí, ya no tenía derecho a asistir al curso de inglés.
Como alternativa, cuando hablé con el responsable de Contratación de personal. Me ofrecieron la posibilidad de cubrir alguna vacante de subalterno que se pudiera presentar. Pero esto sin garantía de éxito o de que por lo menos fuera pronto.
Dicen que cuando una puerta se cierra otra se abre. Y esto me sucedió a mí. Tantos hilos moví en el Ministerio hablando con unos y con otros, que eran pocos los que no sabían de mi empuje y de mis ganas de trabajar. En vista de esto, un Capitán que se tomó mucho interés por mí y por mi situación, me dio la dirección de una empresa de Seguridad Privada. Me ofreció su firma como referencia para que me presentara allí en su nombre. En principio la cosa me hizo gracia. Lo de Seguridad Privada era algo que me sonaba bien. Y además era algo distinto a todo en lo que yo había trabajado hasta entonces. La novedad me atrajo. Me decidí y me lancé de cabeza a por ello. ¿Por qué no?
Dicho y hecho, según terminé de trabajar en el Ministerio de Defensa en Diciembre de 2000, fui a la dirección que me habían dado. Pedí una instancia y al cabo de tres o cuatro días me llamaron para firmar el contrato tras una entrevista.